AMAYA El golpe aún ardía en mis nudillos. La respiración me salía entrecortada, caliente, como si cada exhalación fuese un rugido contenido. Ingrid seguía en el suelo, con la mejilla roja, los ojos cargados de ira y miedo, y yo no podía dejar de mirarla con furia, sabiendo que por fin había cruzado el límite conmigo. Y justo en ese instante, escuché pasos. Volteé y lo vi. Zayn apareció en el umbral, con el torso desnudo, apenas un short cubriéndolo. Tenía el cabello revuelto por el sueño y los ojos todavía nublados, pero en cuanto su mirada pasó de mí a Ingrid en el piso, todo rastro de somnolencia desapareció. Frunció el ceño. —¿Qué carajos pasó aquí? —preguntó, su voz grave, con ese tono que siempre me sacude. Abrí la boca, dispuesta a explicarle, a decirle todo lo que había pasado

