ZAYN Su cuerpo y el mío ya no bailan… se frotan. La música retumba, pero es el ritmo de sus caderas contra mi entrepierna lo que me tiene al borde del colapso. Amaya se mueve con esa mezcla maldita de inocencia fingida y lujuria contenida. Sabe lo que hace. Y sabe lo que me provoca. Lo disfruta. Mis manos se deslizan por su cintura con una lentitud calculada, marcándole el compás mientras me acerco más, tanto que mi aliento ya le roza el cuello. Ella tiembla… apenas un segundo. Pero lo noto. Y sonrío. —¿Siempre bailas así de sucio o solo me estás provocando a mí? —le susurro cerca del oído. Ella ladea el rostro, sin dejar de moverse contra mí. Sus labios casi tocan los míos cuando responde: —¿Y si sí te estoy provocando…? ¿Vas a hacer algo al respecto, o solo vas a hablar como todos?

