Se acomoda sobre mi cadera y me mira. Yo le paso las manos por los muslos con calma, acariciando, disfrutando. —¿Y qué hay con eso de no tener sexo en la casa? —pregunto con una sonrisa ladeada. —Solo una vez más… y ya. Te lo juro. —Perra mentirosa —le susurro. —Cállate —me responde mordiendo su labio, y se hunde sobre mí. Esta vez no hay prisa. Su cuerpo me recibe lento, como si quisiera memorizarme. Yo la sostengo de la cintura y la dejo moverse a su ritmo. Y mientras lo hace… me pierdo en ella. La observo como si fuera arte. Mis manos la recorren con devoción. Le acaricio los costados, le beso los senos con suavidad, le susurro cosas al oído entre jadeos. —Eres la única que me hace sentir así…Tan viva, tan jodidamente real…No tienes idea del poder que tienes sobre mí… y eso

