Ya en mi habitación, me quité la ropa con movimientos tranquilos, sintiendo aún el cosquilleo en la piel donde Zayn me había tocado. Encendí la ducha y dejé que el agua tibia me envolviera, tratando de calmar las emociones que hervían dentro de mí. Cerré los ojos, apoyando la frente contra la pared de azulejos, dejando que el vapor me cubriera entera. No pasaron ni dos minutos cuando sentí su presencia detrás de mí. La puerta del baño se abrió y el sonido familiar de su respiración aceleró mi corazón. No dije nada. No tenía que hacerlo. Su cuerpo caliente se unió al mío bajo el agua, y sus manos suaves recorrieron mi cintura antes de apretarme contra él. Zayn me besó el hombro, luego el cuello, con una ternura que contrastaba con la urgencia en sus caricias. —No sabes cuánto me costó no

