Lo miré. Con atención. Ethan respiró hondo y agregó: —Solo… si te queda un poco de fuerza, no te rindas todavía. Él vale la pena. No lo parece a veces, lo sé. Pero créeme, lo vale. Hubo un silencio. Pesado. Largo. Y entonces respondí, sin levantar la voz. —¿Y tú lo harías? Ethan frunció el ceño. —¿Qué? —¿Tú le darías una oportunidad a una mujer… después de ver cómo otro hombre la toquetea, la besa en el cuello, le agarra la entrepierna… y ella no hace nada? Sus labios se apretaron. No respondió. El silencio fue claro. Yo asentí, con los ojos húmedos. —¿Y entonces por qué yo sí debo hacerlo? ¿Porque soy mujer? ¿Porque él “no sabe amar”? Pues yo tampoco, Ethan. No tengo idea. Pero sí sé lo que no quiero. Y si amar para él significa eso… dejarme ver cómo otra se le arrastra en

