AMAYA Poco después, decido que es suficiente por hoy. Le digo a Lía y a Vale que me voy. Ellas asienten y vienen conmigo. Nos acercamos a Elías, que en cuanto me ve frunce el ceño. —¿Ya te vas? ¿Por qué? —pregunta con una mezcla de sorpresa y decepción. —Estoy cansada. Ha sido un día largo, Elías —le respondo con una sonrisa débil mientras le revuelvo el cabello. —Cuando llegues te preparo un té. Te va a ayudar —dice con esa ternura que solo él tiene, como si realmente pudiera protegerme de todo. Asiento. Me despido. Y nos vamos. ... La noche es fresca, el aire huele a sal y tierra húmeda. Camino con la vista clavada en el suelo, como si mirar hacia arriba fuera demasiado esfuerzo. Lía y Vale caminan a mis lados, respetando el silencio. Ellas lo saben. Saben que necesito ese espacio

