El vapor del agua caliente de la ducha no me deja ver muy bien, aunque creo que en eso tampoco ayuda que esté arrinconada en contra de la pared siendo penetrada por Adrián con salvajismo. Solo mi pie izquierdo está afincado del suelo, mientras que mi pierna derecha es sujetada por su mano para facilitar su acceso. El agua cae sobre nosotros encerrándonos en una especie de refugio cálido. Entre besos y besos, es difícil concentrarse también en cómo llegamos a esta situación, si se suponía que nos limpiaríamos luego de haberlo hecho en la cama. ¿Hay una cama en su oficina? No precisamente, lo que ocurría es que después de esa gran cogida en su oficina, a mi jefe se le olvidó lo del trabajo urgente pendiente y cualquiera que fuese su opinión de mí. Tras tomar el aire suficiente post orgasm

