La semana probablemente más incómoda había pasado en esta empresa del demonio. Siendo la prueba viviente de que las relaciones en el trabajo sí podían ser muy sexys y románticas, pero una vez rotas, eran el infierno. Desde aquella discusión con Adrián en su departamento, no seguimos actuando como amantes. De hecho, las miradas, chistes y el sexo quedaron olvidados. No es que me hubiese despedido, tampoco que me hubiese tratado mal, solo … era indiferente conmigo. No me daba besos suaves que me hacían subir la estamina; no me dejaba sentarme en sus piernas y abrazarle para descansar; tampoco me permitía disfrutar de su cuerpo. Éramos un jefe y una secretaria estándares. Y cómo jefe y secretaria estándares que éramos, no tenía derecho a hacerle preguntas sobre esa linda pelirroja que llev

