Con mi caja de regalo envuelta debajo del brazo y mucha paciencia de por medio, llego a la empresa. No vestida como una empleada, no, no, sino como una mujer que casualmente venía a dejarle el regalo a su compañera de trabajo y luego se largaba a su casa. Mi jean, tenis y blusa casual así lo aseguraban. El compartir era alrededor de las 5 PM, pero por la cuestión de buscar el regalo y anexar algunos bombones dentro para complementar el presente, terminé saliendo más temprano de lo que debía y llegando acá con el reloj marcando las 3 PM. No, y cuando llego a mi piso, sé que la cosa será mucho peor. Era una puta pesadilla de navidad. Muchos San Nicolás, duendes, bolas, estrellas y escarchas abundaban en la estancia. Había un gran árbol de navidad en una esquina y hasta había música navi

