Tomamos un taxi hacia la casa de Damiano. Se siente casi irreal pasar por calles familiares, mi corazón late a mil lleno de ansiedad por mi hermana y a la vez palpita de emoción ante la idea de volverlo a ver de nuevo, cuando ya me había mentalizarlo que jamás lo volvería a ver. Me tiemblan tanto las manos que ni siquiera puedo separarlas y sacar el dinero de mi bolso para pagar el taxi. Sydney lo nota y toma mi bolso de mis manos temblorosas y lo hace ella misma. El taxista nos deja en la acera, mientras se aleja. Miro la impresionante fachada de la casa de Damiano, hay tres plantas y cada una esta iluminada. Sydney me mira de soslayo y me pregunta. —¿Lista?— no hace frio pero siento un escalofrío recorrer todo mi cuerpo. —Mas lista que nunca—respondo dando un suspiro. Sydney me endere

