Escogí un vestido primaveral florido y bastante colorido, suponiendo que me llevaría a un lugar más bien familiar y tranquilo. Dejé mi cabello suelto, medianamente ondulado en las puntas, sobre mi espalda y peine mi flequillo recto sobre mi frente. Apliqué un poco de delineador y bálsamo, dándome un toque adulto aunque bastante sencillo. Escogí unos tacos y tomé aquel único y excepcional bolso que tenía para salir. Justo cuando terminaba de echarme unas últimas miradas, atando un pañuelo en mi cuello, tocó a mi puerta. Me extrañé un poco por aquel gesto, ya que creí que simplemente me mandaría un mensaje y yo estaría afuera en un par de segundos, pero a lo mejor alguien le había abierto abajo. Correteé con mis taquitos hasta la puerta y la abrí de par en par, con una enorme sonrisa que l

