17- Liar

1844 Palabras
-Es... un... -parpadeé repetidas veces, acercando cada vez más los dedos a su tatuaje. Jungkook se hizo a un lado, como si tanta cercanía le quemara, y se apresuró a sacudir la cabeza y abrir la puerta para salir prácticamente corriendo. ¿Por qué actuaba así de raro? -¡Espera! ¡Jung...! -ambos nos quedamos de piedra, puesto que del "E" salían dos personas y se nos quedaban mirando con cara de sorprensa. Y también nosotros los miramos con sorpresa. Minha estaba muy despeinada y desaliñada, aunque brillaba como nunca. Cuando me vió su sonrisa se ensanchó y, al ver a Jungkook, pareció increíblemente sorprendida. El chico que iba con mi mejor amiga, el alto y rubio, pareció bastante divertido ante la situación y se limitó a hacer una pequeña reverencia hacia mí y presentarse. -Soy Namjoon, hola -me limité a asentir, avergonzada. El rubio miró a Jungkook y dos hoyuelos aparecieron a los lados de su sonrisa de tiburón-. Tu no pierdes el tiempo, ¿eh Kookie? -N-no es lo que parece -negué, admirando la enorme y musculosa espalda desnuda del castaño. Aparté la mirada rápidamente y sonreí-. Ha sido un accidente... -Ah, eso dicen todos -Minha se cruzó de brazos, burlona-. Nos vemos, Nam -se puso en puntitas y le dió un casto beso en los labios. Tuve la decencia de apartar la mirada, mientras que Jungkook sonrió con simpatía y se marchó al "H" sin mediar palabra. Cuando el... novio de mi amiga se hubo marchado, me apresuré a meterme en su departamento y cerrar la puerta. -¿¡Estudiando!? -exclamé, algo fastidiada. -¿Qué dices? Hemos estado estudiando... -Minha comenzó a arreglar su cabello alborotado. Enarqué una ceja burlona-. Bueno, bueno, mira quién habla. -¿Y yo qué hice? -Oh, vamos. ¿Qué hacía Jungkook medio desnudo en tu casa? Que no soy tonta, niña. -¡Pero claro que lo eres! Fue un malentendido. -¿Entonces no hubo fiesta? -hizo un puchero y yo le di un codazo, risueña-. ¿Por qué no le das una oportunidad, Linnie? Siempre eres tan dura con los chicos... -Eso no es verdad. Además... -me acerqué a su comedor y tomé asiento en la mesa, donde había tanto manojo de papeles tirados que no pude menos que arrugar la nariz pensando en qué habría pasado allí-. He empezado a salir con otro chico. -¡No me digas! -se sentó rápidamente frente a mí, interesada-. ¿Le estás poniendo los cuernos? -¡Que no tengo nada con Jungkook, Minha! -Oh, ¿en serio? ¿Entonces quieres explicarme por qué él te dijo que gustaba de ti y tu le dijiste que tú también, pero que rompería tu corazón? -Oye, eso... ¿Cómo lo sabes? -Niña, a veces olvidas que vives en un departamento. En serio... -Aigoo -me di una palmada en la frente-. Da igual, es cierto. -¿No crees que fuiste un poco... no sé, exagerada?  -Pero... -¿Romper tu corazón? -chasqueó la lengua-. Eres Pauline. Pauline Rubbie, la chica más dura de roer que existe en el planeta tierra. Has pasado por muchas cosas para llegar a ser la excelente mujer que eres hoy día, ¿y temes que un universitario rompa tu corazón? -Él... Juega conmigo. -Entonces juega con él. Puse la espalda recta, repentinamente interesada. -¿Que juegue con él? -repetí-. ¿Cómo? -Estamos de acuerdo con que es un mujeriego y adora estar con chicas, ¿no es cierto? -asentí-. Bueno, eso dice que probablemente ha roto ya muchos corazónes y está bien acostumbrado a ser el chico malo. -No entiendo a qué quieres llegar. -¡Pero si está bien claro! Pauline, por una vez en tu vida debes tomar las riendas de la situación y ser una chica mala. -¡Pero si yo no soy mala! -la miré como si estuviera loca-. No funcionaría, me pone tan... nerviosa con sólo verlo... -Haz que sea él el sorprendido de verte, entonces. -No vale la pena: creerá que quiero su atención. -Oh, rayos, es cierto... -se quedó pensativa y luego me miró con ojos muy grandes-. Para, para, para. Retrocede. ¿Cómo es eso de que conociste a un chico? -Se llama Hiroku -comencé, lentamente-. Y es... muy inteligente. -¿Y es lindo? -Lindo... -¿Pero? -¿Pero? -repetí, incrédula. -Pero no es Jungkook, ¿verdad? Me habría sentido muy bien de haberla abofeteado allí mismo, pues había tocado un punto demasiado débil. Sin embargo, sacudí la cabeza y reí nerviosa. -Hiroku sabe de literatura, dibuja y mantiene mi espacio personal detrás de la línea. -Ahá -Minha entrelazó los dedos y puso los codos sobre la mesa. Me estaba haciendo la de psicóloga, claramente-. Y ahora dime como es Jungkook. -Él es... -fruncí el ceño-. Impulsivo, sexópata y... cambiante. -¿Cambiante? -Creí que era un chico simpático, de verdad. Nosotros... Miramos películas, incluso dormimos en la misma cama... dos veces. Pero entonces, al otro día, invitó a su amiga a casa y... ¿¡sabes qué me dijo!? ¡Que se la folló y que ella se enojó porque él dijo mi nombre mientras lo hacían! ¡¡¡Y eso es totalmente asqueroso e inapropiado!!! -Chica, ¿te dijo eso? -asentí-. Vaya, es... Intenso. -Intenso, sí. Él es intenso. -Y eso te gusta. -No. -¿No? -¡¡¡No!!! -Mmmmh... -¡Mierda, me vuelve loca! ¡Me encanta, claro que sí! -me quedé muda ante mis propias palabras y Minha sonrió tanto que pensé que se le partiría la cara-. Ya estoy grande para amores de instituto. No voy a meterme con nadie si no es... estable. -¿Por qué quieres algo estable? ¡Estable es sinónimo de aburrido! ¡Aburrido es sinónimo de Hiroku! Y tu a quien quieres es al chico intenso del "H" -hizo una pausa, acalorada-. Escucha: ¿Hiroku y tú? Románticismo, velas a la noche, sexo vainilla. ¿Jungkook y tú? -hizo una pausa-. Épico.  -Hiroku es lo que necesito. -Y Jungkook es lo que quieres -se levantó y estiró como si fuera un gatito-. Tu elección, Lin. -¡Annyeong! -saludé cuando entré en la peluquería, quitando mi bolso por mi cabeza para dejarlo en el perchero. Shinbae, que estaba llena de tintura hasta los codos, me dedicó una sonrisa tensa y me pregunté qué clase de clienta le habría tocado. -Pauline, cariño, ¿quieres hacerme un favor y lavarle el cabello? -señaló con la barbilla a una chica que esperaba pacientemente con la cabeza echa hacia atrás, sobre el lavabo. -Claro -me apresuré a ponerme la camiseta con el nombre del lugar y me acerqué a la muchacha. Escogí un shampoo neutro y eché un chorro sobre el cabello-. Veamos... -No me importa si el agua está fría -dijo la clienta, y me pareció que... Despegué la vista de su cabello para posarlo en su rostro y casi pegué un respingo. -Ha-Hayoung... -murmuré. La muchacha se crispó, fastidiada. -Oye, tu eres la nueva aquí. Que no te sorprenda mucho verme. Asentí y comencé a masajear su cuero cabelludo, con toda la dulzura que pude, sin saber bien qué responder.  Lo más probable es que la muchacha me odiara, y no tenía por qué ser así. Es decir, yo no tenía nada que ver con que su cita haya sido un total imbécil. Y sin embargo sentía una especie de... ¿remordimiento? -Hayoung, yo... -tragué duro cuando me vió con furia-. L-lo siento. -¿Qué es lo que sientes? -Siento lo de... Jungkook... -¿Por qué ibas a sentirlo? No es tu culpa que sea un imbécil -apartó la mirada. -Aún así, yo siento que... Es decir yo... -¿Te ha contado algo? -volvió a mirarme. Agaché la mirada, con el corazón en un puño. -Pues... -bajé la voz-. Me ha dicho que se acostaron, y que... -Un momento, ¿qué? -Hayoung, con una sonrisa burlona en el rostro se sentó y se giró para verme. Su cabello totalmente mojado y lleno de espuma barrió el suelo y Shinbae me lanzó una mirada de desconformidad. -Me lo ha contado -expliqué, avergonzada-. Y me siento muy frustrada por ello, y sólo quería que supieras que lo siento. -Primero que nada, si alguien debería pedirme disculpas es él, y no tú. Y segundo... -volvió a reírse con sarcasmo-. ¿Acostarnos? ¿Eso te dijo? Enarqué una ceja. -Sí, así es. ¿Por qué?- -¿Esa clase de fracasado es Jungkook? -sacudió la cabeza-. Se cree la gran cosa, diciéndole a sus amigos que se acuesta con chicas, cuando en realidad no lo hace. -Un momento, ¿dices que no...? -¡Claro que no nos acostamos! -se cruzó de brazos y bufó como una niña caprichosa a la que no le dan lo que quiere-. He estado totalmente de acuerdo con hacerlo, fui tan... obvia al respecto; y sin embargo él dijo que "no, no voy a acostarme contigo" -volvió a chasquear la lengua-. ¿Y luego va y cuenta que sí lo hizo? ¿¡Qué imbécil hace eso!? Es decir, ¡jincha! Todo el mundo dirá "oh, ha sido un buen chico, no se ha acostado con una menor de edad". Pero, vamos, ¿quién es virgen a los diecisiete? ¡Nadie! ¡Estamos en el siglo veintiuno, madre mía!  La pequeña yo que vivía dentro de mi cabeza se rió y levantó ambos brazos, señalando que yo aún seguía siendo virgen y hacía tres años había pasado los diecisiete; mientras que mi yo externo no pudo menos que quedársela viendo como si fuera un extraterrestre que habla otro lenguaje. Alto. ¿Qué? ¿Jungkook no se había acostado con Hayoung? "- Sé que crees que soy un imbécil. Y lo soy, pero no esa clase de imbécil. Jamás jugaría con una chica que realmente se ha fijado en mí" -Es tan lindo... -suspiró la muchacha, volviendo a echar la cabeza hacia atrás para que pudiera seguir masajeando su cabello-. ¿Es que acaso le gustan las noonas? -hizo un puchero-. ¿¡Por qué no puedo gustarle!? -¡Oh, Dios! -exclamó Shinbae, corriendo hacia mí. Golpeó su cadera con la mía para tomar mi lugar y comenzar a lavar el cabello de la muchacha-. Anda, ve. -¿Cómo? -¡Ve y habla con él! -sacudió la cabeza, desesperada-. Es como el mejor drama que he visto. ¡Corre y habla con él! Y más vale que sea interesante cuando me lo cuentes mañana. -Pero... ¿está bien que te deje sola? -Claro que no: mañana trabajarás todo el día aquí conmigo y a la noche tengo una cena, así que cuidarás a mis niños -sonrió-. ¡Pero ahora ve y habla con tu amor! -Esperen, ¿¡qué!? -Hayoung volvió a levantarse de su silla, chorreando por segunda vez todo con su cabello. Bajé del autobús y me quité el celular del bolsillo trasero de los jeans. Desbloqueé la pantalla y casi me caigo de culo al ver que tenía unas quince llamadas perdidas de Jungkook. ¿Ahora qué? Fruncí el entrecejo y me apresuré a terminar la calle y meterme en el edificio amarillo. Tomé el ascensor y, cuando las puertas se abrieron en el quinto piso, vi a un acalorado muchacho vestido impecablemente de traje parado frente a mi puerta mientras mantenía un dedo pulsado en el timbre. -¡Oye, que me lo vas a romper! -exclamé, llamando su atención-. Además, no creo que nadie vaya a responderte. -¡Santo cielo, creí que estabas ahí dentro! -caminó hacia mi, con expresión de alivio y desesperación, todo junto. -Habría respondido si estuviera ahí, ¿no te parece?  -Creí que estabas enojada -se rascó la nuca, avergonzado. -Oye, Jungkook, tenemos que habl... -¡No hay tiempo! -el muchacho me agarró el brazo y arrastró hasta su departamento. Más precisamente hasta su cuarto de baño. -¿¡Qué haces!? -exclamé cuando me soltó, tambaleándome. -En el perchero hay un vestido. Póntelo. -¿Qué? ¿Para qué? -Porque no querrás ir así vestida -me observó y negó con la cabeza. -¿A dónde? Ladeé la cabeza y le eché un buen repaso. ¿Zapatos de vestir? ¿Pantalón n***o? ¿Camisa blanca, moño y saco? ¿Cabello ondulado? ¿Se había... delineado los ojos? Ay, madre mía, pero qué bueno que está... -Te lo diré cuando te lo hayas puesto -sonrió seductoramente y cerró al puerta del baño, dejándome en ascuas.
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