Brandon. Estando tan cerca uno del otro con solo el escritorio que nos separa, detallo sus facciones, sus ojos marrones que a simple vista parecen comunes pero que en realidad no lo son, dicen tanto de ella, dicen todo, es un reflejo de su interior de lo avasallante que es. Su cara aún con el entrecejo arrugado y contraído, sigue reflejando esa cara de ángel, lástima que sea el mismo demonio, altanero, arrogante y terca, con carácter podrido. No entiendo porque se empeña en contradecir todo lo que digo, y lo peor de todo es que me deja con las palabras en la boca, se va de mí oficina, con aire altanero sin hacer que entre en razón, de un arrebato le doy con mí puño al escritorio, pero ni siquiera le inmuta temor, cierra la puerta de lo más normal. El lunes voy a hablar con el tal Gonz

