Micaela. El jefecito me había "castigado" por el escándalo con su hermano y Candela, su castigo como siempre es mandarme a limpiar baños, si supiera que mil veces prefiero limpiar baños antes que verle la cara a ese ser tan arrogante, petulante, orgulloso y déspota. Una vez que término de limpiar recuerdo que casi no hay hojas para la impresora, me dirijo hasta el depósito a buscarlas. Una vez allí, hay un chico de unos veinte años antes que yo esperando que lo atiendan, llevá traje, como me gustan los hombres con traje, aclaro, sólo mirar, no creo en el amor y todas esas estupideces, eso no dura, por eso prefiero mil veces estar sola. Se da vuelta y hace una linda sonrisa al verme, le devuelvo el gesto. —Hola, soy Eliot —se presenta estirando la mano —, ¿no te había visto por aquí

