Durante el día, sus pensamientos estaban en su reunión de hoy en el gran bosque de las flores. Su lobo estaba impaciente; quería ir ya a verla. Durante las actividades del día, su hermano, el rey, y el beta de la manada se percataron de lo distraído que estaba, con una visible sonrisa en su rostro. —Alfa… ¿Estoy alucinando o Calibán está sonriendo? —preguntó Convel al rey. —Así parece. Ha estado distraído y muy impaciente… —respondió Leidolf, con la mirada en Calibán—. Ayer otra vez no participó en la caza de hembras… —Pero alfa… usted tampoco, y ya todos se están preocupando, y más los ancianos —añadió con tono preocupante. Ya van a empezar esos vejestorios a persuadir que busque a mi compañera… —bufó en respuesta y puso los ojos en blanco—. No entienden que no tengo tiempo para eso;

