un intruso

1023 Palabras

La mejor sensación que había sentido: el calor de su cuerpo junto con el mío, el sabor de su piel y esos dulces gemidos que producía su boca me volvían adicto a ellos. Deseaba más de su calor rodeándome, pero si lo hacía, la lastimaría. Estaba haciendo lo más placentero para ella y para mí. Cada vez que llegaba a mi límite y la llenaba de mí, aún quería más. No podía detenerme. Su precioso cuerpo estaba cubierto por mis marcas. Ver cómo estaba agotada y sus lindas piernas temblaban me llenaba de orgullo, pero aún no podía soltarla y mi lobo aún estaba ansioso. —Sólo un poco más...—dije entre jadeos y besos húmedos en su cuello. —Ya no... estoy... cansada...—gimió, bajo y débil. Sabía que tenía que controlarme. A diferencia de las hembras que podían soportar tres días, pero ella no. Dej

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