Mis dedos se apretaron en un puño, y el peso de la preocupación comenzó a aplastarme. Si Caliban seguía adelante con su misión, estaba caminando directamente hacia un peligro del que ni él ni nosotros estábamos preparados. Si llegaba a encontrar el Reino de los Elfos, el conflicto se desataría con una rapidez que nadie podría detener. —¡Caliban…!—, musité para mí mismo, sintiendo la furia interna que se desbordaba en mi pecho. Me levanté de golpe, haciendo que todos en la sala se quedaran en silencio, expectantes. Mi mirada se cruzó con la de Convel, y el entendimiento fue inmediato. Los dos sabíamos que no podía permitir que Caliban siguiera sin control. Lo que comenzaba como una misión de investigación podría terminar en una guerra, y no estaba dispuesto a arriesgar a toda mi manada, n

