4. Cena

2166 Palabras
«Esperen, ¿Él es su abuelo?» ¿Por qué tuvo que aparecer justo hoy? No estoy lista para inventar una historia de como conocí a su nieto, ni siquiera sé que diré.  Comienzo a arrepentirme de haber aceptado el estúpido contrato. Said carraspea y posa su mano en mi espalda, el tacto es tibio, es inevitable no sobresaltarme y que mi cuerpo se tense. —Lo siento abuelo, es que estaba entretenido con mi chica. —Me acerca a su cuerpo dejando una distancia prudente. ¿Ah? «Ni que fuera juguete» Las espesas cejas del señor se elevan, fija sus invernales ojos en mí, su mirada es analítica y eso hace que incremente el nerviosismo en mi sistema. Luego del eterno escudriño, sonríe amable. —Tú debes ser la hermosa mujer de la que tanto me ha hablado Said. —Asiento sonriente. «Mentirosa» —Sí. Annie, un gusto conocerlo señor... —Raschid Arafat —complementa. —Y dime abuelo, "señor" me hace sentir viejo. —Bromea haciendo que suelte una risita. Debo admitir que lo imaginé intimidante, pero es todo lo contrario. De pronto el celular del señor Raschid comienza a sonar. Lo saca y responde la llamada alejándose de nosotros. Escucho suspirar a Said. —Eso salió mejor de lo que esperaba.  —Murmuro —Yo no estaría tan seguro, el abuelo es muy curiosos y querrá saber todos los detalles de cómo nos conocimos. —Comenta guardando las manos en los bolsillos de su vaquero. —¿Qué le diremos? —inquiero. —Nos conocimos en el viaje que hice a nueva York, allí iniciamos la relación y tenemos ya un año. Te propuse matrimonio y nos casaremos en dos días.  —¡¿Qué?!  —¿Algún problema? —Levanta la vista de su móvil. ¿Es broma? —¡Claro que lo hay! —digo exaltada. —Nunca mencionaste que nos casaríamos pronto, es decir, ¿En dos días?  —Hey, relájate —coloca las manos en mis hombros. —Será por dos meses, luego nos divorciamos alegando que no funcionó, o que sé, amabas a tu ex.  «Sí, claro» Resoplo. —Bien, iré a dormir. —Doy la vuelta y choco con el señor Raschid.  —¿Ya te vas? —Asiento —Nada que ver jovencita, aún no he tenido el privilegio de conocer más de ti. ¿Ya cenaste? —No señ... Abuelo —corrijo apenada. —¡Estupendo! —exclama contento. —He reservado una mesa en el mejor restaurante.  Miro a Said en busca de ayuda, sonríe encogiéndose de hombros. Genial. —Oh, entonces iré a cambiarme. —No me queda de otra que aceptar. (***) Llevo un lindo vestido de color n***o que cubre mis piernas, es recatado y  modesto sin ser muy revelador. Opto por dejar suelta mi larga cabellera negra que cae por la espalda, el maquillaje es sencillo, apliqué mascara de pestañas, corrector para cubrir un poco las ojeras y un labial rojo carmesí.  «Me veo bien» Reviso la hora en el reloj, marca las ocho y media, ya debo irme o llegaré tarde. Y justo tocan a mi puerta, voy hacia ella lo más rápido que mi pies en estos altos tacones me lo permiten. Al abrir encuentro a Said... ¡Oh, por todos los cielos!  Está usando un smoking precioso de una tela negra y lisa que lo hace ver extremadamente guapo. No lleva corbata ni el tradicional moño que usan la mayoría, aún así destila demasiada elegancia. Pero lo que me deja sin aliento es como está recorriendo su mirada en mi cuerpo, debo reaccionar rápido antes que sé de cuenta que su observación me afecta.  «¿Por qué lo hace?» No entiendo por qué me siento así, o sea, él no me gusta pero tampoco soy inmune a su belleza.  —¿Vamos? —parpadeo desconcertada. —¿Ah? Esboza una sonrisa de esas que te dejan embobada. Disimulo sin mucho éxito que mis mejillas se han tornado sonrojadas. «¡Dios mío Annie, controla esas hormonas!» —El abuelo nos está esperando abajo. —Informa y extiende su antebrazo hacia mí, me agarro de el dirigiéndonos al elevador. —Debo decirte que ya no estará solo mi abuelo —ladeo la cabeza sin entender.  —Supongamos que el abuelo les avisó al resto de mi familia. En serio no tenía idea de que haría algo así. —¿Qué?  Ahora sí me dará algo. No puedo creer que haya aceptado algo así, debí suponer que en cualquier momento conocería a toda su familia, pero nunca imaginé que fuera a ocurrir tan pronto.  —Tranquila, ya verás que no será tan complicado como piensas. —Murmura. «Eso espero» Las puertas del ascensor se abren dándonos paso al primer piso, avisto al señor Raschid hablando con un hombre de porte parecido al de Said. Caminamos hacia ellos y es imposible no notar las miradas curiosas de algunas mujeres que se encuentran al rededor, no pasan por desapercibido al atractivo hombre a mi lado, y él sabe lo que causa en el género femenino.  «Incluyéndome» —Buenas noches —saluda otro hombre que no había visto. El señor Raschid voltea y nos sonríe. —Buenas noches —decimos al unisono. —Aquí están, justo estaba hablando con Adam de ti y la hermosa prometida que tienes. —Fijo la vista en el nombrado. Es un hombre moreno de estatura más baja y delgado, tiene barba con algunos rastros de blanco. Le aparento como unos cuarenta años, a diferencia del otro hombre que es mucho más jóven y sus rasgos son diferentes a los demás.  Supongo que no es árabe. —¡Said! Cuánto tiempo sin verte, ¿Qué ha sido de tu vida? —Exclama el hombre barbudo. Sus ojos reparan en mi presencia y sin disimular me mira de pies a cabeza. —Vaya. Raschid tenía razón, eres muy hermosa. ¡Hombre, pero que afortunado!  Said se tensa y afianza su agarre en mi brazo, no es necesario ser inteligente para saber que no se siente cómodo. —Te presento a Annie, mi prometida. —Dice resaltando lo último. —Y él es tío Tareq. —Un gusto, señor —extiendo mi mano hacia él, este la toma pero en vez de estrecharla la toma con delicadeza y plasma un beso en mi dorso.  —El placer es mío —dice mirándome de una forma que me crispa la piel, la quito rápidamente y evito el contacto con él.  Me da mala espina.  —Él es Harry, gerente del hotel —el susodicho sonríe mostrando unos lindo hoyuelos en sus mejillas.  —Y tú mejor amigo. —Añade y Said ríe. —Al fin tengo el privilegio de conocerte, este idiota no deja de hablarme de tí. —Me envuelve en un pequeño abrazo que me toma por sorpresa. —Lo traes enamorado, ya ni un mensajito me envía. —Suelto una risita al igual que todos. ¿Lo dice en serio? Si son mejores amigos debe de saber que todo es mentira, ¿No? O quizás también se lo va a ocultar a él. —Esperé mucho para poder verla de nuevo, así que déjame en paz. —Bromea Said mientras que baja la mirada guiñándome un ojo. Le doy una sonrisa forzada. ¿Por qué no me siento bien haciendo esto? ¿Mentir para obtener dinero?  «Esto no es lo que mis padres me  inculcaron» Mis padres me enseñaron que mentir está mal, por más que sea una pequeña falacia sigue siendo una mentira. Sin embargo, sino quería regresar a la vida que tenía y casarme obligada, debía seguir con este teatro falso. —¿Nos vamos, amor? —Pregunta Said sacándome de mis pensamientos. No puedo pasar por alto que me llamado así, hasta que me doy cuenta que los demás nos están viendo. Sobre todo el tal Tareq que tiene los ojos clavados en mí. «Es hora de actuar» —Sí, cariño —entrelazo mi mano con la suya, y salimos del hotel. (***) El restaurante es bastante lujoso, el dorado y blanco predomina en el lugar, la música instrumental que suena es muy leve y se puede oír las voces de los demás enfrascados en una conversación. Todos están en sus asuntos, excepto una persona, la pelinegra de ojos almendras que no deja de mirarme con desconfianza. Escuché que era la ex de Said, ahora entenderán porqué me mira como si quisiera clavarme el tenedor que lleva en la mano. —Oye, ¿qué piensas de estudiar? —pregunta Amira, la prima de Said. Es la única que no se ha comportado amable conmigo. —Eh, estoy cursando administración de empresas —contesto. Por alguna extraña razón no menciono lo de ser una pintora, al fin y al cabo no los conozco.  —Vaya, eso es genial. Yo pienso estudiar derechos, aunque mis padres están en desacuerdo. —Murmura bajito, solo para que yo pueda oírla. —Oh, ¿Y por qué? —inquiero curiosa. —Bueno si quieres decirme, claro. —Agrego al notar que estoy siendo metiche. —No, tranquila. Ya eres como parte de la familia, pronto serás una prima más.  —Menciona bebiendo de la copa de agua. —Mis padres son arquitectos, igual que todos aquí y quieren que estudie lo mismo. Pero la verdad no me llama la atención. ¿Arquitectos? Disimulo la evidente sorpresa en mi rostro. —Bueno es entendible que... —¡Atención! —una voz me interrumpe. Arrugo el entrecejo viendo a Said ponerse de pie. ¿Qué se traerá en manos? —Bueno, primeramente les agradezco que hayan venido la noche de hoy, y aprovecho la oportunidad para anunciarles que en dos días me casaré con la mujer de mi vida. —Escucho algunos jadeos de sorpresa y alaridos de los presente. Me miran fijamente, forzo la mejor sonrisa intentando parecer una prometida enamorada.  Sus ojos azules se posan en los míos, siento una extraña sensación en el cuerpo, mi corazón retumba debajo de mi pecho.  «Estoy incómoda» Las felicitaciones por parte de la familia no tardan, sonrío tanto que mis mejillas comienzan a doler. Todos se ven muy contentos con la noticia. Lástima que sea una farsa. —Felicidades a ambos, estoy muy orgulloso de ti, hijo. Annie, sin duda eres la mujer ideal para Said. —Apremia el señor Raschid, sus palabras son sinceras y hace que me sienta mal por estar mintiendo. Plasmo una sonrisa. —Gracias abuelo. —Y bien, ¿Cómo fue que se conocieron? —Interroga la ex de Said, creo que se llama Azahara. Ladeo la cabeza mirando a Said que se ha sentado a mi lado. Bien, espero que no invente una historia cliché. —La universidad. —En un café. Decimos al mismo tiempo. Ok, ya comenzamos mal. —Es decir, Said fue a hacer un proyecto en mi universidad y ese día nos topamos porque él... —Lancé sin querer su café —prosigue relatando la escena en el avión. —Sí, y este manchó su blusa y como estaba furiosa tuve que comprarle otro, pero preferí llevarla a la cafetería que siempre frecuentaba y quedé flechazo por ella.  «¿Eso es todo? ¡Vamos hombre! ¡No tienes imaginación?» —¿Y qué pasó luego? —pregunta Amira interesada. La mano de Said da un leve apretón a mi pierna, le veo de reojo y me sonríe para que hable. —Cuéntales amor, te encanta relatarla. —Entrecierro los ojos hacia él. «Bien, lo ayudaré» —Pues, después de eso, Said insistió en que le diera mi número y como me negué me esperó en la salida de la universidad con un ramo de flores.  —Comienzo a explicar y suelto una risita divertida a la que los demás se les unen. —¡Uh, que romántico! —dice Nashira, la otra prima de Said. —¿Qué hicistes, la aceptaste?  —Por supuesto —responde Said adelantándose. —No pudo resistirse a mí, y desde allí comenzamos a salir. Solo que era muy difícil de conquistar, hice de todo para enamorarla y lo logré, ahora será la futura señora de Arafat. —Sonríe con un aire de suficiencia.  Sus ojos azules se encuentran con los míos, me miran con amor, imito su gesto y agarro su mano por encima de la mesa.   Escucho un "aww" de parte de todas las mujeres, menos de una, Azahara. Esta nos veía con recelo, algo me dice que sospecha de nuestra relación. Así que sin pensarlo mucho, me acerco a Said y le doy un corto beso en los labios que lo toma por sorpresa. Al darme cuenta de lo que he hecho me separo de él sintiendo las mejillas sonrojadas por mi atrevimiento. Esquivo su mirada y agradezco cuando Harry inicia con otro tema de conversación para aligerar la incomodidad del ambiente. «Algo me dice que él tampoco se cree toda esta mentira»
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