Dejé a Milo para buscar a Atlas. Miré a mi alrededor mientras llegaba al cobertizo de equipos. No hay nadie más cerca. Mientras seguía buscando, un brazo grande me rodeó y fui arrastrada hacia la sala de equipos. La puerta se cerró y me soltaron. Atlas cerró con llave la puerta y se pegó a mi espalda. "Hola, nena." Susurró en mi oído. "Hola, osito de peluche." Respondí. Atlas siguió el rastro de su nariz por el costado de mi cuello, haciéndome estremecer. "Lo siento... lo siento por esta mañana. No debería haber actuado como una mocosa malcriada", dije. "No importa, cariño. Pensé que estabas enojada conmigo", dijo él. Lo admití: "Lo estaba. Estaba enojada porque tenías que irte. Quería que te quedaras, pero... siempre quiero que te quedes". Atlas me giró y me acorraló contra la pue

