23 Carmen voló adentrándose en la noche, con las alas bien extendidas mientras planeaba. Compitió contra el viento, tocó las nubes y besó la luna, volando todo lo alto que pudo antes de que el agotamiento empezase a pasarle factura. Había logrado llegar a la península del Yucatán antes de empezar a bajar el ritmo. Viró junto a la línea de la costa, atraída por las playas de arena, y se alejó de la luz de los pueblos hasta dar con una pequeña cala a oscuras. El agua estaba serena cuando planeó unos centímetros por encima, y la luna y las estrellas se reflejaban como diamantes en la superficie. Carmen distinguió los brillantes tonos multicolor de sus escamas bajo la brillante luz blanca de la luna llena. Dejó que una de sus garras delanteras tocase el agua, creando ondas a su paso. ―Eres

