Creon miró cómo Carmen se adentraba ansiosa entre la multitud, con Harvey en su forma de criatura de orejas caídas trotando junto a ella y Cree y Calo siguiéndola de cerca, con sus simbióticos bajo la forma de dos felinos. Le dolía la mandíbula por la fuerza con la que la estaba apretando en su esfuerzo por contenerse y no exigirle que volviese a su lado. Un ceño sombrío le retorció los rasgos en cuanto la perdió de vista. ―Está en buenas manos, amigo mío ―dijo Ha’ven en voz baja―. Vamos a encontrar la información por la que hemos venido y así podrás reunirte con ella. ―Te lo juro por mi vida, Ha’ven ―susurró Creon con voz lúgubre―. Cuando encuentre a mi tío, lo destriparé. Ha provocado demasiado dolor como para que se le conceda el privilegio de morir como un guerrero. ―Estoy de acuerd

