Eva se agacha frente a su hijo y apoya sus manos en sendas rodillas. -¿Sabes, Guido? Me puse allí a propósito para que me apostaran y me hicieran lo que quisieran. El joven sonríe con burla. -¡Fui obligada, idiota! -Pudiste escapar. -Si no quieres escuchar la historia, escapa tú. Guido baja la cabeza, sabe que no puede hacerlo. Eva se levanta y se aparta unos pasos. -Eran siete hombres en contra mía. Luché, lloré, grité, pataleé, pero no pude hacer nada. Durante tres días y tres noches fui abusada, golpeada, torturada por mis "dueños" y algunos amigos, no del juego, no, de sus fundos. Fueron muchas las torturas que no se las diré por respeto a mí misma, pero las peores cosas que se puedan imaginar, esas cosas las sufrí yo. En un momento, creí que tendría la oportunidad de esc

