Guido se baja de su coche y contempla aquel horrible espectáculo unos segundos, antes de percatarse de la presencia de su madre y de Gabriel. -¡Eva! ¿Qué pasó? -corre hacia la mujer, desesperado, fuera de sí. -¿Y todavía lo preguntas? Te salvé una vez, no lo haré dos veces -amenaza en un susurro. -¿A qué te refieres? -Tú hiciste esto, Guido, ¿quién más? Además, ya sé que pagaste para que cortaran los frenos de mi auto. -¿Los frenos? ¿De qué coche hablas? Te juro que no entiendo. El joven parece sincero y de verdad acongojado y Eva se descoloca. -Tú le dijiste a Gabriel que tuviera cuidado al manejar, que las carreteras son peligrosas. ¿Cómo sabías que viajaríamos por tierra? -Me lo contó mi tío antes de juntarnos en el restaurant. Mira, él me envió un mensaje -. Guido le muest

