Aceptando la invitación.

1185 Palabras
JORDANO La chica era fogoza, me estaba volviendo loco, mi piel, mi cuerpo, mis sentidos, mi polla que estaba palpitante y venosa, tenia tanta sangre que dolia, todo eso estaba siendo dominado por ella. En un instante de lucidez recorde que esta mujer que justo ahora estaba tendida sobre mi cama era la hermana de unos de mis socios y amigos, esta mujer estaba despertando en mi lo que ninguna otra, los sentimientos que enterré y jure no sacar, ella sin el mas minimo esfuerzo los estaba haciendo salir, a este punto yo estaba perdido, pero eso ella no lo sabia en su totalidad, y esa era mi ventaja, decidi darle parte de lo que buscaba y ya, solo por que yo tambien queria aceptar la invitación que ella gentilmente me hizo, probarla... Solté el nudo de la toalla que cubrían mi desnudez, dejandole ver lo que su osadía causaba en mi, mi polla dura, quien salió impactando fuerte hacia arriba mi marcado abdomen, ensuciandolo con el liquido pre-semimal que ya empezaba a escurrir. Camine hacie ella y me detuve en medio de la cama aun de pie, solo para observar como ella se tocaba, con una mano en su v****a rosada y otra en uno de sus abultados pechos, sus mejillas rosadas y sus labios igual o mas rosados de tanto morderlos, ella era muy sexy. Exquisita, sin más me subí a la cama y besé su boca, gemí ante lo dulce de sus rosados labios, un beso que ella me devolvió torpe, yo llevaba el control del beso, le costó seguirme el paso, pero lo hizo, un beso con pasión y deseo. Solté su boca, mis manos apretaron sus pechos y los acariciarón, luego ella arqueo su espalda exponiendo su cuello, quien pedía atención que no iba a negarle, besé su barbilla, su clavícula, su cuello, el lóbulo de su oreja en el cual suserre unas palabras que ella respondió con un gemido. — Eres muy caliente. — Con voz ronca, ya no era yo, era mi lado animal quien estaba al mando. Baje a darle atención a sus erectos y rosados pezones, chupe, lamí y mordí la punta de estos, mientras mi otra mano acariciaba el otro, intenté juntarlos para lamerlos y chuparlos al mismo tiempo, ohh que delicia de mujer, mis besos siguieron bajando hacia sus costillas, abdomen, metí mi lengua en su ombligo y seguí bajando, al llegar a su centro alce mi rostro, quizás ella estaría insegura o habría en su rostro un leve signo de arrepentimiento, pero no, sólo la lujuria y sus pupilas dilatadas me recibieron, por lo que pasé un dedo rozando su entrada sin quitarle los ojos de encima y lo llevé a mi boca chupando y haciendo un sonido obsceno a sacarlo, ella solo sonrió, cosa que me puso más cachondo. Sin perder más tiempo me pegue en su intimidad como un bebé, dulce, muy dulce, exquisito, gemi ante el privilegio de tener ese manjar en mi boca, mis manos subieron nuevamente acariciar sus pechos y su abdomen, unos minutos después, ella estaba retorciéndose por el placer que estaba experimentado, su v****a se contrajo, ella quiso apartarse y supe que veía su liberación, puse mis manos en su cadera evitando que se moviera y me dejara seguir con mi trabajo, en un grito enorme soltó su orgasmo, bebí todo de ella, lamiendo y chupando todo a mi paso. — Deliciosa. Es mi turno muñeca. — Ella aun jadeando y sus piernas temblando por los espasmos, me acomodé en medio de sus piernas y empecé un vaivén de movimientos arriba y abajo alrededor de mi polla, si, me masturbe encima de ella, con una mano en su rodilla y la otra en mi polla, jale y jale hasta que mi liberación llegó, esparciendo toda mi semilla sobre ella. Me desplome a su lado, agitado, ella me miró con ternura y beso mis labios entreabiertos. — Eres todo un león, me encanta. — Me dice con su mirada pícara. — No debiste venir aquí. — Me puse serio. Esto no estaba bien… — Demasiado tarde león. — Me guiña el ojo. — Deja de llamarme así. Voy a ir a ducharme y cuando vuelva no quiero que estés aquí, eres solo una niña y yo… — Mis palabras quedaron atoradas en mi garganta, me miró con enojo, mucho enojo, me arrepentí de una de esas palabras, soy un imbécil. La vi levantarse y recoger sus cosas, salió medio vestida, dando un portazo. Maldición.!! Media hora después salí enfundado en un traje gris con camisa blanca y corbata negra, mis zapatos bien pulidos hechos a la medida, mi madre estaba en la sala leyendo, al parecer mi padre no había llegado. — Madre, estoy listo para marcharme, por favor cuídate y llama si necesitas algo importante. — Hice la aclaración porque mi madre llamaba todos los días solo para monitoreo. — No es que lo odie pero, me obliga a estar al teléfono por horas… — No te atrevas a limitarme, llamaré cuantas veces me plazca. — Negué y la dejé ganar, así es ella. Salí de la casa para encontrarme con mis hombres, ya tenían la camioneta lista, dirijo mi vista al patio trasero y las veo, a ella y mi hermana muy divertidas, tomando el sol, dejo salir un suspiro y me voy, es mejor dejar las cosas así, no estoy en condiciones de enamorarme, de dejar que esa pequeña bribona entre a mi vida, eso solo me daría más problemas. Hoy había bajado la guardia, había aceptado su invitación, había caído como un estúpido adolescente entre esas lindas y virginales piernas, no se si deba arrepentirme, si alguien llega a enterarse seria mi fin, no me quiero ni imaginar la reacción de todos. Reacción que no debería importarme, pero es que esto ha sido jodidamente inesperado. Alejandra Mi plan fue puesto en marcha satisfactoriamente, como lo imagine, como mi instinto me dictó, yo no le era indiferente a él, más bien para mí sorpresa, causo más atracción de la que debería en él y eso solo hizo que yo estuviera más caliente y segura de lo que quería. Comprobé que es todo un león hambriento y que me desea tanto como yo a él, no se que lo detuvo a hacerme suya en ese mismo instante, prácticamente le puse todo en bandeja de plata, aunque obviamente eso habría sido muy fácil. Mi enojo llegó cuando se puso estúpido y me rechazó. Ahora debo hacer algo más o simplemente atacar otro punto, si él se siente como yo, debe ser un león enjaulado, solo necesito abrir esa puerta. Por mi parte me sentí brutal, malditamente bien, era mi primera experiencia s****l y el lo hizo inolvidable, ahora estoy más que segura que no quiero a otro hombre que no sea él, estoy re-loca y obsesionada con ese papasito, sus besos son demandantes, adictivos, quiero más de él, su boca en mis pechos en mi zona íntima, si así es el infierno que me calcine, deseo morir calcinada en los brazos de ese pedazo de hombre...
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