La noche cayó sobre ellos y cuando se vieron acorralados por sus peligros decidieron regresar al campamento mientras reían con complicidad. Sus risas bajas y traviesas sonaban como las de un niño que sabía que había hecho trampas en el juego, pero que trataba de esconderlo ante todos. Los hombres del campamento esbozaron sonrisa de confabulación a Tuva Eke en cuanto entraron al campamento. Alimceceg se dio cuenta de los chistes mal intencionados de los hombres de la cofradía, así que decidió enterrar la cabeza y no levantarla. Sabía que estaba siendo cobarde y que esa actitud no iba de acuerdo con su explosiva personalidad, pero simplemente se negaba a sentirse avergonzada. Prefería no verle los rostros descarados. Alimceceg entró a la tienda de campaña mientras Tuva Eke la seguía al i

