Las semanas pasan como si viviéramos en un delicado equilibrio, y nuevos descubrimientos, no solo entre David y yo, sino también entre él y Carter. Esa tensión que al principio parecía inevitable entre ambos ha comenzado a desvanecerse, transformándose en una curiosa complicidad. A veces, los veo intercambiando miradas que dicen más de lo que podrían con palabras. Una noche, después de cenar, estamos los tres en la sala, como de costumbre. David está en uno de los sillones, Carter y yo en el sofá. A medida que la charla avanza, noto que David y Carter están más relajados que nunca, como si algo invisible se hubiera soltado entre ellos. Hablan sobre sus trabajos, sobre política, sobre música, y aunque suena mundano, hay una intimidad nueva en cómo lo hacen. De repente, David suelta una ri

