Introducción

440 Palabras
«¿Qué puede decir la gente que no se haya dicho ya de mí?» ―Jennifer A los quince quedé embarazada de  Christopher Sprouse , el aburrido y frustrado guitarrista de una banda local. Tuve que abortar porque él no quiso hacerse cargo del niño; Chris  pensó que un bebé descendiente de mí pondría en peligro la r**a humana.  Mi papá es drogadicto y mi mamá fue internada en un hospital psiquiátrico. Vivo con mis abuelos porque nadie más quiso hacerse cargo de mí, la terrible y caprichosa niña que rompe todo a su alrededor. Una vez  soborné  a mi profesor de matemáticas para que me aprobara en un examen. Sí, tuve sexo con él, y sexo del bueno. ¡Todo es mentira! Y si no me creen, pregúntenle a Christopher Sprouse si alguna vez me acosé allí con él. También vayan al cementerio y busquen una lápida donde se lee  Patrick Stephan Whitney ,  allí descansando el cuerpo de mi papá luego de haber sido atropellado mientras viajaba a una conferencia donde se postulaba como candidato político. Averigüen si mi mamá existió alguna vez en mi vida, o si solo me dejó un cargamento de mi padre un día después de nacer. Interroguen a mis abuelos, que ellos digan si alguna vez rompí un mísero plato o vaso. Y si siguen desconfiando, entonces miren mi planilla de calificaciones de la escuela y fíjense la gigante y roja F que sobresale en matemáticas.   ¿No pueden hacerlo? ¿Entonces qué? ¿Creerán en los rumores? Lo cierto es que en el mundo pocas personas se toman la molestia de buscar la verdad, ¿no? La mayoría cree lo que pasa de boca en boca, y más aún si es vergonzoso y puede herir a los demás. Un día escuché, no recuerdo muy bien cuándo ni dónde, que uno es lo que cree ser. Y el punto es que creo ser una persona buena, solo que las cosas no salen bien todo el tiempo, ni la mayor parte de las veces. Cuando alguien habla de mí, no dice «es la persona más buena que he conocido», al contrario, lo más decente que pueden decir de mí contiene (siempre) la palabra «perra» en algún lado, si no es al principio, es a la mitad de la frase, o al final. O solamente «perra», hay muchos que no se preocupan ni en elaborar un insulto para mí. No me quejo, al fin y al cabo, lo tengo merecido. Es decir, asumo que la gente me critique, que me juzgue sin saber y que crea los rumores acerca de mi vida. Lo que no asumo, y jamás asumiré, es que Joshua Feehan me condene a ser una perra de por vida. Jodidamente no.
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