Capítulo 52

2087 Palabras

Camila El silencio que quedó en la oficina después de que él se fue no era cualquier silencio… era denso, cargado, como si cada rincón retuviera el eco de su voz, el roce de su mirada, el peso invisible de algo que no nos atrevíamos a decir. Me quedé quieta, con el ramo aún apretado contra mi pecho, respirando el aroma dulce y penetrante de las rosas. Eran perfectas… demasiado perfectas para ser un gesto casual. Las miré, sintiendo cómo mi mente trataba de buscarle un significado. ¿Un simple detalle de cortesía? ¿O algo más? Y mientras me hacía esa pregunta, inevitablemente pensé en la última vez que nos habíamos visto antes de todo esto… en lo que él me había dicho bajo la lluvia, en la forma en que sus palabras habían dejado cicatrices invisibles que todavía ardían. Llevé el café a mis

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