Capítulo 4 Caitlyn Siento que el color abandona mi rostro, que mi corazón se hiela en mi pecho y mis manos se vuelven sudorosas. No necesito mirar el sobre que tiene en sus manos para saber de quién es. Tres en el mismo día. Es una novedad de la que podría haber prescindido sin ningún problema. —¿Caitlyn? ¿Hay algún problema? —No. Ninguno. Mis manos tiemblan tanto como mi voz cuando cojo el sobre tan rojo como la sangre que corre por mis venas, contradiciendo mis palabras. —Te conozco mejor que tú a ti misma. ¿Qué es lo que ocurre? ¡Y no me digas que nada! Ante mi ausencia de respuesta y de reacción, mi abuela toma la iniciativa. Coge el sobre, lo abre y lo lee en voz alta frunciendo el ceño. «Prepárate, llegaré pronto. Muy pronto». Lee la misiva varias veces en silencio mientras

