Con los bracitos abiertos, ese mismo niño a quien tanto mi abuelo como yo estuviéramos contemplando con tanta euforia, unas horas antes, ahora era protagonista de algo más grande para mí existencia. —Mami, mami ya llegaste —Enfatizó el pequeño niño abrazando a Azgar. —Si, mi pequeño y hermoso bebé, mamá ya está aquí para ti sólo. —Mami, ¿me has comprado el robot de Ironman? —Ella hizo un puchero encantador y luego dijo. —No pude cariño, pero te prometo, lo iremos a comprar juntos. —El pequeño puso cara de tristeza y le habló de nuevo a su madre. —Mami, entonces ¿ya hemos encontrado a papá? —Y he aquí que mi corazón saltó en el pecho. Estaba tan seguro ahora mismo que ese niño era de ella, pero también era mío. Las emociones se fluctuaron en mi cabeza y me sentí abrumado por las mile

