05. El Interrogatorio

2876 Palabras
Después de una caminata que se extendió por aproximadamente quince minutos, donde cada segundo fue una eternidad para Lizzy mientras sentía el frío metal del arma presionando contra su espalda, Drago finalmente se detuvo frente a su establecimiento: Vučja Jazbina (La Guarida del Lobo en serbio). El local ocupaba la planta baja de un edificio victoriano de ladrillo rojo, cuyas ventanas altas y estrechas permanecían ocultas tras espesas cortinas que resguardaban celosamente los secretos de su interior. La segunda planta, invisible a ojos curiosos, servía como centro de operaciones para el conteo del dinero y la preparación meticulosa del opio y el tabaco destinados a la distribución. Años de experiencia les habían enseñado los trucos necesarios para ocultar la mercancía durante las ocasionales inspecciones policiales. Sobre la entrada principal, un antiguo letrero de madera se mecía suavemente con la brisa, mientras sus letras talladas, ahora desgastadas por la inclemente lluvia londinense, anunciaban "La Guarida del Lobo" a cualquiera que se atreviera a levantar la mirada. Cuando ingresaron al lugar, este era un estudio en claroscuros, iluminado principalmente por lámparas de gas que hacían sombras en las paredes revestidas de madera oscura. El bar contaba con mesas robustas de roble macizo, algunas con marcas de garras disimuladas bajo años de uso, se distribuían estratégicamente por el espacio. En el aire viciado de ese lugar encerrado, tenía una mezcla de aromas que Lizzy captó de inmediato: se podía sentir el tabaco importado, el olor a cerveza amarga, colonia barata y ese inconfundible olor a secretos que todos los bares de 1914 parecían compartir y aunque no fuera un olor como tal, Lizzy podía percibirlo. Todos los pocos clientes presentes a esa hora —principalmente hombres lobo que pretendían ser humanos corrientes— tenían un aura extraña que la chica asiática notó, además le pareció inusual que nadie se volteó a mirarla, esto era porque todos fingieron no notar la entrada de su Alfa, aunque sus sentidos sobrenaturales detectaron inmediatamente el aroma a jazmín y miedo que emanaba de la joven asiática que lo acompañaba, ese aroma a miedo que Drago había estado ignorando a propósito desde que la sacó del banco. Sin voltearse a mirar a nadie, el Alfa guio a Lizzy con pasos seguros hacia la parte posterior del establecimiento, donde una puerta de roble macizo dominaba el pasillo y ocultaba su oficina. Y así, mientras Drago llevaba a Lizzy lejos de todos, desde su posición tras la barra, Caslav Vukovic observaba la escena con inquietud y desconfianza. Él era el hermano menor de Drago, separado de él por apenas doce meses —tenía treinta y cuatro años—, tensó involuntariamente los músculos de sus brazos cubiertos de cicatrices mientras limpiaba mecánicamente un vaso. El delantal manchado que Caslav llevaba puesto revelaba una jornada intensa de trabajo, pero era la gravedad en su rostro lo que verdaderamente llamaba la atención. Sus ojos azules, agudos y alertas, seguían cada movimiento de la extraña pareja, especialmente la manera en que Drago mantenía el arma presionada contra el costado de la mujer asiática, oculta de la vista de los clientes, pero perfectamente visible para él. Algo en toda esta situación le provocaba una inquietud que no podía ignorar. —Stefan —susurró Caslav en un murmuro que apenas se oyó sobre el ruido del local. Se dirigió a otro de sus hermanos, un hombre lobo alto y esbelto de treinta años que limpiaba la barra con movimientos metódicos—. Necesito que te encargues aquí —continuó, mientras sus ojos seguían fijos en la escena que se desarrollaba—. Algo no cuadra en todo esto. Drago anda haciendo locuras… Stefan respondió con un asentimiento silencioso, compartiendo la preocupación de su hermano. Ambos sabían que era extremadamente inusual que su Alfa condujera a alguien a punta de pistola dentro del establecimiento, especialmente después de los sangrientos acontecimientos de la noche anterior. La impulsividad de Drago siempre había sido motivo de preocupación; sin la sabia guía de Milos, su cuervo y consejero ahora fallecido, las decisiones precipitadas de su Alfa se iban a volver aún más peligrosas. Con un movimiento rápido, Caslav se despojó del delantal, arrojándolo sobre la barra, y comenzó a seguir sigilosamente a la pareja. Sus ojos azulados, no perdían detalle mientras avanzaba. El aroma de la chica despertó su curiosidad y aumentó su inquietud: no era la esencia característica de alguien que conociera o que asociara con alguien cercano. No detectaba la esencia silvestre de los lobos, ni el aroma gélido de los vampiros, tampoco la fragancia etérea de los Fae. Era algo diferente, y por alguna razón no le gustó ¿era una mujer cuervo? ¿o era una bruja? Fue lo primero que pasó por su mente. —Primero lo de Milos, y ahora esto... —murmuró Caslav para sí mismo mientras se deslizaba entre las mesas con la agilidad propia de su naturaleza lobuna—. ¿Habrá traído a una bruja para follársela? Pero entonces, ¿por qué la amenaza con un arma? —Su mente trabajaba rápidamente, intentando dar sentido a las acciones de su Alfa. Los recientes acontecimientos habían puesto a la manada en estado de alerta máxima, y ver a Drago actuando de manera tan errática solo intensificaba la sensación de peligro inminente que flotaba en el aire desde anoche. Entonces, el sonido pesado de la puerta de roble al cerrarse sonó como un presagio sombrío en el pasillo. Caslav se detuvo a pocos pasos, con su cuerpo tenso como una cuerda de violín mientras agudizaba sus sentidos sobrenaturales. El más mínimo sonido, el más leve cambio en el aire, todo podría ser una señal de peligro. Como hermano del Alfa, su deber era proteger a Drago, incluso si eso significaba salvarlo de sus propios impulsos destructivos. La manada Vukovic siempre había destacado por su peculiar composición. En un mundo donde las manadas solían tener una clara jerarquía de Alfas, Betas y Omegas, los Vukovic rompían todos los esquemas. La mayoría de sus integrantes eran Alfas, algo prácticamente inaudito en el mundo de los hombres lobo. Mientras otras manadas luchaban con la inestabilidad de tener solo Omegas, más cercanos a los humanos en naturaleza, o la mediocridad de ser todos Betas, los Vukovic brillaban con la fuerza bruta de sus múltiples Alfas. Drago, como el más fuerte entre los fuertes, ocupaba la posición de líder y Jefe. Sin embargo, su fuerza física de Alfa contrastaba dolorosamente con su falta de astucia estratégica… e inteligencia en algunas ocasiones, no todo podía ser perfecto en la manada Vukovic. —¿En qué lío nos estás metiendo ahora, Drago? —murmuró Caslav, claramente preocupado Dentro de la oficina, el sonido de Lizzy cayendo contra el cuero del sofá fue seguido por su grito ahogado de terror. Drago arrastró una silla con un chirrido deliberadamente lento, colocándola frente a su cautiva. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se sentó sin mucha elegancia con el respaldo de la silla frente a su pecho como una barrera, mientras mantenía el arma firmemente apuntada hacia la mujer temblorosa. —Bien, cuervita —su voz destilaba una mezcla de amenaza y satisfacción—, ahora vas a decirme de dónde vienes y qué fue lo que tu manada le hizo a Milos. Las lágrimas comenzaron a rodar por las mejillas de Lizzy, con su rostro contraído en una máscara de terror puro. No eran lágrimas de tristeza, sino el llanto desesperado de alguien que siente la muerte respirando en su nuca. —¡No sé de qué me está hablando! —su voz se quebró—. ¡No conozco a ningún Milos! —¡Deja de mentir! —el rugido de Drago fue tan fuerte que Lizzy sintió que las ventanas temblaron—. ¿Por qué finges que no sabes lo que eres? ¡Es estresante, no tienes que fingir, maldita sea! ¡Ya habla, quien es M.R! —gritó mas fuerte apuntándole con el arma. Luego de aquel semejante grito, el sonido de una llave girando en la cerradura cortó la tensión como un cuchillo. Ese era Caslav que entró a la oficina cerrando la puerta tras de sí con rapidez. Al ver ese hombre, Lizzy sintió que su corazón se detenía por un instante: ahora había dos de ellos. El recién llegado era como un espejo ligeramente distorsionado del primero, compartiendo rasgos similares, pero con un aire más refinado y el cabello más corto y arreglado. Los ojos de Caslav escanearon la escena, deteniéndose primero en la mujer asiática y luego en su hermano, con su ceño frunciéndose con cada segundo que pasaba. —¿De dónde sacaste a esta mujer —su voz era controlada, pero estaba llena de tensión—, y por qué demonios le estás apuntando con una pistola? —Es una mujer cuervo, no la conozco, primera vez que veo a la maldita —declaró Drago con su voz temblando con una mezcla de paranoia y obsesión—. ¿No te parece sospechoso que aparezca justo después de la muerte de Milos? Luego de oír aquella respuesta, Caslav se acercó a su hermano y le arrebató el arma con una velocidad sobrenatural. El metal brilló por un instante bajo la luz antes de desaparecer de las manos del mayor de los Vukovic. Lizzy parpadeó varias veces, intentando procesar lo que acababa de presenciar, con su mente negándose a aceptar la imposible rapidez del movimiento. En un instante su captor le estaba apuntando con la pistola, y luego al otro segundo, él ya no tenía el arma de fuego en sus manos. —¡¿Qué haces?! —rugió Drago, levantándose con tal brusquedad que la silla se estrelló contra el suelo con un estrépito—. ¡Por qué me quitaste el arma! Devuélvemela ¡Tu Alfa te está hablando, OBEDECE! Su última palabra se sintió con un poder sobrenatural que hizo que el aire se volviera pesado, tanto que Lizzy lo pudo sentir, y por eso se encogió en su asiento viendo como los dos hermanos comenzaron a tener una lucha de miradas, con sus cuerpos tensos como cables de acero, emanando una energía primitiva que hacía que el sentido común de la muchacha le gritaran que se fuera corriendo de allí, ella sentía como si estuviera dentro de una jaula con dos leones que estaban a punto de matarse, ese mismo miedo fue el que sintió Lizzy en ese instante. —No hagas "eso" ahora, Drago —advirtió Caslav, con su voz tensa mientras apartaba la mirada de los ojos de su hermano, que por un instante fugaz habían adoptado una cualidad inhumana—. No estás actuando con prudencia. —Estoy buscando justicia —la respuesta de Drago sonó como un gruñido lleno de rencor. —¿Al secuestrar una mujer cuervo recién llegada? —Caslav sacudió la cabeza con incredulidad—. ¿De dónde la sacaste? —giró hacia Lizzy, quien se encogió instintivamente ante su atención—. ¿De dónde vienes, cómo te llamas? Mientras Drago se alejaba hacia su escritorio con sus movimientos llenos de una energía que apenas podía contener, Lizzy observó cómo su captor extraía un cigarrillo con dedos tensos. La mirada que le dirigió mientras lo encendía tenía una amenaza silenciosa que le heló la sangre. En contraste, Caslav esperaba su respuesta con una calma que parecía fuera de lugar en medio de tanta tensión. —Mi nombre es Lizzy Crawford —su voz tembló ligeramente—. Su... amigo, o lo que sea, me secuestró, me trajo amenazada desde el banco. Estaba esperando a mi padre y... —¿Del banco...? —Caslav se giró hacia su hermano con una lentitud deliberada. Drago evitó su mirada, concentrándose en el humo que se elevaba de su cigarrillo—. ¿Cuál banco específicamente? —El banco de la avenida sexta —respondió Lizzy, en un hilito de voz. —Es un puto banco mixto —la respuesta de Drago sonó sin una pizca de arrepentimiento. Caslav se cubrió el rostro con una mano, sintiendo como la frustración emanaba de cada poro de su ser. —¿Entraste a un banco mixto, solo, y secuestraste a una mujer cuervo de quien sabe qué vampiro o humano? —su voz destilaba incredulidad—. Drago... ¿estás viendo la clase de problemas en los que nos estás metiendo? La tensión escaló cuando de un momento a otro, los hermanos comenzaron a discutir en serbio, con sus voces elevándose con cada intercambio. Lizzy observaba, impotente, mientras Drago gesticulaba violentamente en su dirección. —¡Esa puta está fingiendo ignorancia! ¡Debe ser una estrategia! —bramó en su lengua materna—. ¡No entiendo por qué! ¡Pero sé que tiene que ver con la muerte de Milos, lo presiento, soy el maldito Alfa, tienen que obedecerme, si la matamos, dejaremos una advertencia! ¡Le arrancaré un ojo y su marca en la nuca! —¡No podemos matar a una mujer que no sabemos su procedencia, Drago! —la voz de Caslav sonaba llena de frustración—. ¿Te arriesgaste tanto solo por uno de tus imbéciles presentimientos? ¡De diez presentimientos que tienes, nueve son erróneos! ¡Milos sabría qué hacer en este momento! —¡PERO NO ESTÁ! —el rugido de Drago hizo temblar los cristales de las ventanas—. ¡LO MATARON Y SÉ QUE ELLA TIENE ALGO QUE VER EN ESTO! —su dedo acusador apuntaba a Lizzy como una flecha envenenada. —¿Por qué? ¿Solo porque es una cuervo asiática? —Caslav intentaba razonar aun hablando en serbio—. ¡Se ve perdida! Por el bien de tu manada, regrésala de donde la sacaste. ¡Regrésala a ese maldito banco mixto! Ya matamos a la manada de Viktor, es cuestión de tiempo para que la extensión de sus lobos vengan por nosotros, y además tenemos a un tal M.R del que no tenemos ni idea de quién es, pero que nos está amenazando ¡No agregues más problemas secuestrando a una mujer que le pertenece a otra manada! Los vampiros son peligrosos, ¡regrésala ahora mismo! —¡NO PUEDES DARME ÓRDENES, SOY TU ALFA! —las venas del cuello de Drago se marcaron con su grito. —¡Pero no estás pensando con claridad! Mientras los hermanos se enzarzaban en una acalorada discusión en serbio, Lizzy, acurrucada en el sofá, vio su oportunidad. Con el corazón martilleando en su pecho, se levantó sigilosamente y corrió hacia la puerta. Sin embargo, sus esperanzas se desvanecieron cuando Caslav, moviéndose con una velocidad imposible, bloqueó su escape. El pánico la invadió cuando Drago se acercó y la agarró del brazo con brutalidad, arrastrándola de vuelta al sofá. El dolor se extendió por su brazo como fuego líquido. —¡Ahh! —su grito de dolor resonó en la habitación. —¿Realmente pensabas escapar? —se burló Drago con sus labios curvados en una sonrisa cruel. —Mi padre es Bradley Crawford —la voz de Lizzy temblaba de miedo y rabia—. Cuando se entere que ustedes me secuestraron, y que me están lastimando, tendrán que regresarse corriendo al país de donde provienen, porque la cárcel es lo único que les espera. Los hermanos intercambiaron miradas desconcertadas porque el nombre no les resultaba familiar. —Tu padre... es un... —¡Es un banquero! —interrumpió Lizzy—. Tiene un negocio de navíos llamado Crawford's Boats. Drago arqueó sus cejas gruesas mientras sacudía la ceniza de su cigarro con un gesto pensativo. —Crawford's Boats... es un negocio humano, he oído de él —murmuró, con su voz más controlada pero llena de sospecha—. ¿Qué hace un humano con una mujer cuervo? La frustración de Lizzy estalló como una olla a presión. —¡¿Por qué me siguen llamando mujer cuervo?! ¡No entiendo! —gritó con su voz quebrándose por la desesperación. Caslav observó a la joven con atención renovada. Podía escuchar su corazón latiendo desbocado, el miedo emanaba de ella en oleadas. Su instinto le decía que nadie podría fingir tal nivel de confusión y terror. —¿Y si realmente... no sabe nada? —sugirió Caslav a su hermano con cautela. —Consultemos con la bruja —respondió Drago—. Ella nos dirá si esta cuerva miente o no. Caslav se cubrió el rostro con exasperación. —¿Por qué no pensaste eso desde el inicio? ¿Por qué no la llevaste a la bruja directamente? Un gruñido gutural escapó de la garganta de Drago, porque era cierto, él no pensó en eso en el momento que la secuestró, lo único que pasaba por su mente era hacerle daño y luego sacarle información, pero no se lo iba a decir a su hermano. —¡Llámala, yo me quedaré aquí cuidando a la puta! —exclamó Drago, señalando a Lizzy con desprecio. La joven sintió una oleada de náuseas ante el trato tan degradante de esos hombres tan bajos y extraños. En su mente, un solo pensamiento giraba como un mantra desesperado: tenía que encontrar la manera de escapar viva de ese infierno lo antes posible…
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