**SANTIAGO** La migraña era un martilleo constante en mis sienes. Me recosté en la silla de mi oficina, intentando encontrar algo de alivio, pero el cansancio y la falta de sueño solo hacían que mi mente se tornara más caótica. Andrea. Su imagen, su olor, el sabor de sus labios... todo se repetía en mi cabeza una y otra vez, como un castigo inevitable. ¿Cómo había llegado a este punto? Mi razón me decía que no podía permitir que me afectara, pero la otra parte se aferraba a la sensación que me había dejado ese beso. Mis ojos se cerraron un instante, hasta que la puerta de la oficina se abrió. —Señor Benavides, disculpe que lo interrumpa, pero vengo a coordinar sobre su divorcio. Mi abogado. Su presencia era lo último que esperaba en ese momento. Mi ceño se frunció de inmediato. —¿Qui

