Está mañana todos estábamos de buen humor, reíamos en un desayuno familiar. Hablábamos de los planes que ya Daniell había formado para todos y Millán, mi pequeño no cabía en su felicidad. El equipaje listo y un camino hermoso recorriendo, Daniell no dejaba de sonreír y su madre no paraba de hablar con mi hermano, parecía un sueño, uno bueno de eso que no quieres despertar, no quería hacerlo y me aterraba tan si quiera pensarlo. A medida que la carretera seguía, mis pensamientos se iban con ella, el paisaje era tan único. El bosque a su al rededor y esos senderos que a lo lejos dejaba ver un lago, era el sueño de cualquier niño, quizás de cualquier adolescente y alli estaba yo, una chica que nunca disfruto de campamentos. El dinero que papá enviaba para nuestras vidas se iban en drogas

