Jordan Cuando era pequeña la abuela solía decirme que más valía un día como lobo que cien como oveja. Jamás le encontré tanto sentido a esa frase hasta aquel día. Sus palabras retornaron a mi mente con su propia voz, como cuando no fui capaz de saltar a esa piscina a los siete años. Tomé la manija de la puerta en mis manos y terminé de abrirla. El miedo me ahogaba pero ya no había marcha atrás, ni el temblor de mi cuerpo, ni mis pensamientos negativos me harían retroceder. Llegué al comedor Praga y encontré a todos reunidos para la cena como era costumbre. Michaela y Mauricio me miraron con cierta curiosidad al notar que no tomaba asiento en mi lugar habitual. Sentí que el peso de toda la carga sobre mis hombros iba a hacerme flaquear y desistir de mi objetivo pero entonces vi esos

