—¿Quién es esa? —le pregunto. Me mira, ligeramente confundido—. La chica que acaba de entrar, estaba parada allí. Encoge los hombros y olfatea el aire. —Huele a la criada. No la vi. —¿Cómo no la viste? ¡Estaba a 10 pies de distancia! —le digo a él, sorprendida—. Nos hizo una reverencia. —Bueno. Se supone que debe hacerlo —dice él, completamente despreocupado de que ella esté aquí. —Seth —digo, pero antes de que pueda decir más, me interrumpe. —Contratamos a muchos lobos aquí, Molly —me dice—. Paso por personas en el pasillo todo el día. No puedo parar y hablar con todos ellos. Afortunadamente, la chica regresa, salvándonos a Seth y a mí de una discusión. Lleva una bandeja grande en la mano y la coloca en un soporte. Me vuelvo para mirarla y ella hace una reverencia de nuevo. —Princ

