Él se aleja a paso rápido entre los árboles y trato de seguirlo, pero los escombros en el suelo me lastiman los pies y me hacen ir más despacio. Él se da cuenta rápidamente del problema. —¿Por qué demonios no te pusiste los zapatos? —me pregunta, regresando hacia mí a paso ligero. —No podría habérmelos puesto, aunque lo hubiera intentado —le respondo bruscamente, levantando mi mano herida a la altura de su rostro. Se acerca a mí y se agacha ligeramente, agarrándome y lanzándome sobre su hombro mientras continúa en la dirección que iba. Avanza un poco antes de detenerse en un tronco caído y sentarme en él. —¿Por qué demonios no quieres que te marque? —pregunta, claramente enojado, pero tratando de controlar su temperamento. Respiro profundamente e intento encontrar la mejor manera de ex

