Sal y haz algo. No es tu habitación la que es una prisión, eres tú misma. - Sylvia Plath . . . 5 AÑOS DESPUÉS - NARRA PAUL Mi mujer lucía exquisita. Hacía mucho que no subía a un escenario para leer algunas de las palabras que habían salido de su imaginación. Me encantaba verla leer, y cada vez que algo así ocurría yo era feliz acompañándola. Esperanza, nuestra hija, estaba sentada a mi lado. Con una sonrisa de orgullo mientras esperaba que su madre diera la charla de bienvenida. Había tardado bastante en sacar un nuevo libro, ahora que tenía una década siendo madre sin duda su imaginación y fluida musa estaban más activas que nunca. No paraba de escribir y recientemente todo empezó a dar frutos una vez más. -Bueno, a lo que vinimos - dijo con total confianza y sacándole una carcaja

