La revelación

2204 Palabras
Capítulo 5: La Revelación Punto de vista de Adelaida El sol comenzaba a ponerse, arrojando una luz dorada sobre la ciudad mientras me dirigía al penthouse de Emre. Mi mente estaba llena de pensamientos contradictorios. Desde que Emre había confesado su vida de crimen, había estado en una constante montaña rusa emocional. Pero, a pesar de mis miedos, no podía negarme a verle. Emre me esperaba en la puerta con una expresión seria pero cálida. —Adelaida, gracias por venir —dijo, abriendo la puerta y guiándome hacia adentro. —No podría estar en otro lugar —respondí, intentando sonreír. El penthouse estaba iluminado con una luz tenue, creando una atmósfera íntima. Emre me llevó a la sala de estar, donde había preparado una cena ligera. Nos sentamos y, por un momento, disfrutamos del silencio. —Hay algo que necesito decirte, Emre —comencé, rompiendo el silencio—. He estado pensando mucho en todo esto. En tu vida, en lo que significa estar contigo. —¿Y qué has decidido? —preguntó, su voz suave pero tensa. —No puedo ignorar los peligros, pero tampoco puedo ignorar lo que siento por ti. Quiero estar contigo, pero necesitamos ser honestos y enfrentar esto juntos. Emre tomó mi mano, su mirada intensa y sincera. —Adelaida, haré todo lo posible para mantenerte a salvo. Estoy dispuesto a cambiar, a dejar esta vida por ti. Un silencio profundo se apoderó de la habitación, roto solo por el sonido lejano del tráfico. Sentí que un peso se levantaba de mis hombros al escuchar sus palabras. —¿Cómo podríamos hacerlo? —pregunté, buscando su apoyo. —Primero, necesitamos resolver los problemas con la facción rival. Una vez que estemos seguros, podemos planear un futuro lejos de todo esto —dijo Emre, su voz firme y segura. Sentí una mezcla de alivio y miedo. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesta a intentarlo. Justo cuando estábamos terminando nuestra conversación, el timbre de la puerta sonó. Emre frunció el ceño y se levantó para abrir. Desde mi posición, pude ver la figura de un hombre alto y corpulento en la puerta. Reconocí a Hakan, uno de los hombres de confianza de Emre. —Jefe, necesitamos hablar. Es urgente —dijo Hakan, su voz grave y apremiante. Emre me lanzó una mirada preocupada antes de dirigirse hacia la puerta. —Adelaida, espérame aquí. No tardaré. Asentí, sintiendo un nudo de ansiedad formarse en mi estómago. Los minutos pasaron mientras esperaba, con mi mente girando en todas las direcciones posibles. Finalmente, Emre y Hakan regresaron, sus rostros marcados por la tensión. —Hay problemas. La facción rival está planeando un ataque esta noche —dijo Emre, su voz firme pero preocupada—. Necesitamos prepararnos. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Aunque sabía que el peligro era parte de la vida de Emre, enfrentar una amenaza tan inminente me llenaba de temor. —¿Qué puedo hacer para ayudar? —pregunté, decidida a no quedarme de brazos cruzados. —Necesitas quedarte aquí, donde estarás a salvo. Nosotros nos encargaremos del resto —respondió Emre, tomando mi mano. Sentí una mezcla de impotencia y determinación. No quería ser una carga, pero también sabía que mi presencia podría complicar las cosas. —Por favor, Emre. Quiero ayudarte. No puedo quedarme aquí sin hacer nada. Él me miró con una mezcla de ternura y preocupación. —Adelaida, tu seguridad es lo más importante para mí. Pero si realmente quieres ayudar, hay algo que podrías hacer. —Lo que sea —respondí, sin dudarlo. —Necesito que te quedes en contacto con Hakan y sigas sus instrucciones. Él te dirá qué hacer y te mantendrá informada. Asentí, aceptando la responsabilidad. Emre se acercó y me dio un beso en la frente. —Confío en ti, Adelaida. Sé que harás lo correcto. Lo observé mientras se alejaba con Hakan, sintiendo una mezcla de orgullo y temor. Me quedé en el penthouse, esperando y rezando para que todo saliera bien. El sonido de disparos rompió el silencio de la noche. Mi corazón se detuvo por un momento y luego comenzó a latir con furia. Me levanté de un salto, tratando de pensar con claridad. —Hakan, ¿qué está pasando? —pregunté, mi voz temblando. —Están atacando, pero Emre y los suyos están listos. No te preocupes, tienen la situación bajo control —respondió, aunque su voz también denotaba preocupación. Me sentí impotente, sabiendo que todo lo que podía hacer era esperar y confiar en Emre. Después de lo que parecieron horas, el sonido de los disparos se desvaneció y el teléfono de Hakan sonó. Él respondió rápidamente, escuchando atentamente antes de colgar y volverse hacia mí. —Todo ha terminado. Emre está bien. Está en camino. Sentí un alivio abrumador y me dejé caer en el sofá, respirando profundamente. Minutos después, la puerta se abrió y Emre entró, luciendo cansado pero ileso. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza, sintiendo las lágrimas correr por mis mejillas. —Estás bien —susurré, mi voz quebrada por la emoción. —Sí, Adelaida. Estoy bien, gracias a ti —respondió, abrazándome con fuerza. Nos quedamos así por un momento, simplemente disfrutando de la presencia del otro. Finalmente, nos sentamos en el sofá y Emre me contó lo sucedido. —Logramos repeler el ataque. Fue más difícil de lo que esperaba, pero mis hombres estuvieron a la altura —dijo, con una mezcla de orgullo y alivio. —¿Qué pasa ahora? —pregunté, sintiendo que aún había mucho por resolver. —Ahora tenemos que asegurar nuestra posición y asegurarnos de que no vuelvan a intentarlo. Pero con el tiempo, quiero salir de esto, Adelaida. Quiero una vida contigo, lejos de todo esto. Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar sus palabras. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesta a enfrentar cualquier cosa con él a mi lado. —También lo quiero, Emre. Estoy contigo. --- El peligro inmediato había pasado, pero la paz era frágil. Emre y yo pasamos más tiempo juntos, planeando nuestro futuro y discutiendo cómo podría dejar atrás su vida criminal. —Emre, sé que será difícil, pero quiero que sepas que estoy contigo en cada paso del camino —dije, mirándolo a los ojos. —Gracias, Adelaida. Tenerte a mi lado me da la fuerza para seguir adelante. Un día, decidí visitar a Zoraida en la universidad. Sentía que necesitaba hablar con ella, explicarle más sobre mi situación y buscar su apoyo. —Adelaida, me alegra verte —dijo Zoraida, abrazándome cuando llegué a su departamento. —Yo también, Zoraida. Necesito hablar contigo sobre Emre y lo que ha estado pasando. Nos sentamos en el pequeño sofá de su sala de estar, y comencé a contarle todo lo que había sucedido. Zoraida me escuchó en silencio, su expresión alternando entre preocupación y sorpresa. —Adelaida, esto suena muy peligroso. ¿Estás segura de que quieres seguir adelante con esto? —Lo estoy, Zoraida. Sé que es peligroso, pero siento que Emre está dispuesto a cambiar por mí. Quiero apoyarlo y estar a su lado. Zoraida suspiró, tomando mis manos entre las suyas. —Solo quiero que seas feliz y que estés a salvo. Si crees que Emre puede cambiar, entonces te apoyaré. Pero por favor, ten cuidado. —Lo haré, te lo prometo. Gracias por entenderme. Pasamos el resto de la tarde hablando sobre mis planes y cómo podríamos manejar la situación. La perspectiva de que Emre pudiera cambiar y dejar atrás su vida criminal me daba esperanza, pero también me llenaba de miedo. Esa noche, Emre y yo decidimos salir a cenar para despejar nuestras mentes. Fuimos a un pequeño restaurante italiano que habíamos descubierto juntos. El lugar tenía una atmósfera acogedora, con luces tenues y música suave de fondo. —¿Cómo te sientes, Adelaida? —preguntó Emre, mientras tomábamos asiento. —Un poco nerviosa, pero también esperanzada. Sé que no será fácil, pero estoy dispuesta a intentarlo contigo. —Yo también, Adelaida. Estoy dispuesto a hacer lo que sea necesario para que podamos tener una vida juntos. La cena transcurrió de manera relajada, hablando de nuestros sueños y planes para el futuro. Emre me contó más sobre sus negocios y cómo planeaba dejar todo atrás. —Emre, sé que será difícil, pero quiero que sepas que estoy contigo en cada paso del camino —dije, mirándolo a los ojos. —Gracias, Adelaida. Tenerte a mi lado me da la fuerza para seguir adelante. Después de la cena, decidimos dar un paseo por el parque cercano. La noche estaba fresca y tranquila, y caminamos de la mano, disfrutando de la compañía del otro. —¿Recuerdas cuando nos conocimos? —preguntó Emre, rompiendo el silencio. —Sí, claro que sí. Fue en aquel restaurante lujoso. Nunca imaginé que ese encuentro cambiaría mi vida de esta manera. —Ni yo. Desde el primer momento supe que eras especial, Adelaida. Y ahora, no puedo imaginar mi vida sin ti. Nos detuvimos junto al lago y nos miramos fijamente, sintiendo la conexión profunda que nos unía. Emre se inclinó y me besó suavemente, un beso lleno de promesas y esperanzas para el futuro. --- Los días pasaban y nuestra relación se fortalecía. Emre estaba trabajando en dejar sus negocios criminales y establecer una vida más legítima. Pero sabíamos que no sería fácil, y que los desafíos aún estaban por venir. Una tarde, mientras estaba en el penthouse, Emre recibió una llamada urgente. Vi cómo su expresión cambiaba a medida que escuchaba al otro lado de la línea. —¿Qué pasa, Emre? —pregunté, sintiendo la tensión en el aire. —Es Hakan. Dice que hay rumores de otro ataque. No podemos bajar la guardia. Mi corazón se aceleró al escuchar la noticia. Sabía que los peligros aún estaban presentes, y que debíamos estar preparados. —¿Qué vamos a hacer? —pregunté, tratando de mantener la calma. —Primero, asegurar el penthouse y aumentar la seguridad. Luego, reunir a mis hombres y planificar nuestra defensa. Pasamos las siguientes horas preparándonos, asegurando cada rincón del penthouse y coordinando con los hombres de Emre. La tensión era palpable, pero estábamos decididos a enfrentar cualquier amenaza juntos. Finalmente, la noche llegó y todo estaba en calma. Nos sentamos en el sofá, agotados pero listos para lo que viniera. —Emre, pase lo que pase, estoy contigo —dije, tomando su mano. —Lo sé, Adelaida. Y yo haré todo lo posible para protegernos. Nos quedamos así, acurrucados en el sofá, esperando que la paz llegara a nuestras vidas. Sabíamos que el camino sería difícil, pero estábamos dispuestos a enfrentar cualquier obstáculo juntos. Porque, al final del día, nuestro amor era más fuerte que cualquier amenaza. La madrugada llegó con un silencio inquietante. Estábamos a punto de quedarnos dormidos cuando un estruendo sacudió el penthouse. Emre se levantó de un salto, instintivamente cubriéndome con su cuerpo. —¡Adelaida, quédate aquí! —ordenó, su voz firme pero cargada de preocupación. —¡No, Emre! No quiero quedarme sola. —Respondí, mi voz temblando. —¡Por favor, confía en mí! —dijo, su mirada intensa y desesperada. Asentí, aunque el miedo me oprimía el pecho. Emre corrió hacia la puerta y la cerró con llave antes de dirigirse hacia el origen del ruido. Los minutos se sintieron como horas mientras esperaba en la habitación, mi corazón latiendo con fuerza. Escuché voces y sonidos de lucha, cada ruido amplificando mi miedo. Después de lo que parecieron horas, el sonido de los disparos se desvaneció y el teléfono de Hakan sonó. Él respondió rápidamente, escuchando atentamente antes de colgar y volverse hacia mí. —Todo ha terminado. Emre está bien. Está en camino. Sentí un alivio abrumador y me dejé caer en el sofá, respirando profundamente. Minutos después, la puerta se abrió y Emre entró, luciendo cansado pero ileso. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza, sintiendo las lágrimas correr por mis mejillas. —Estás bien —susurré, mi voz quebrada por la emoción. —Sí, Adelaida. Estoy bien, gracias a ti —respondió, abrazándome con fuerza. Nos quedamos así por un momento, simplemente disfrutando de la presencia del otro. Finalmente, nos sentamos en el sofá y Emre me contó lo sucedido. —Logramos repeler el ataque. Fue más difícil de lo que esperaba, pero mis hombres estuvieron a la altura —dijo, con una mezcla de orgullo y alivio. —¿Qué pasa ahora? —pregunté, sintiendo que aún había mucho por resolver. —Ahora tenemos que asegurar nuestra posición y asegurarnos de que no vuelvan a intentarlo. Pero con el tiempo, quiero salir de esto, Adelaida. Quiero una vida contigo, lejos de todo esto. Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar sus palabras. Sabía que no sería fácil, pero estaba dispuesta a enfrentar cualquier cosa con él a mi lado. —También lo quiero, Emre. Estoy contigo. Esa noche, nos acurrucamos juntos en el sofá, exhaustos pero llenos de esperanza. Sabía que el camino por delante sería difícil, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía que teníamos una oportunidad real de encontrar la paz y la felicidad que ambos anhelábamos
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