Capitulo 16

1090 Palabras
Narra Marcello La miraba disfrutar de la fresa y sonreírme. No sé cuántas veces ha sonreído desde anoche, y cuánto me llena el alma verla así. Me ha dado el privilegio de hacerla mía y de cuidar su sueño en mis brazos. He dormido como nunca antes junto a ella. —¿Sabes hace cuánto no amanecía con una mujer? —le pregunté de la nada. Ella negó con la cabeza. —Tenía dieciséis años. Recuerdo que me enfermé y estuve hospitalizado unos días. Cuando regresé a casa después de que el doctor me diera de alta, mamá durmió conmigo para estar al pendiente por unas cuantas noches — le conté, recordando la hermosa madre que tengo. —¿Tu madre ha sido la única mujer con la que has dormido?— ella ladeó la cabeza y me miró con ternura. —Ella y tú. Dormir con alguien significa mucho, ¿sabes? Es una muestra de amor distinta. Estás compartiendo más que una cama. Tienes que dormir con alguien que te dé paz, que te transmita seguridad. Alguien que si te asustas a media noche te abrace sin excusas de sueño. Alguien que sepas que si lo despiertas para que te acompañe al baño, no te dirá que no. Alguien con quien puedas compartir tu respiración. Y una mujer de la calle no hará nada de eso por amor — le expliqué. Eileen me miraba boquiabierta. —Al menos sabes perfectamente qué es el amor — su mirada me decía que estaba muy sorprendida. Y no la culpo, las apariencias engañan. —Claro que sé qué es el amor. Vengo de una familia donde lo que más desborda es eso, amor. Mis padres eran la pareja más hermosa que he visto en la tierra — —Y entonces, ¿por qué no has seguido sus pasos?— ella me preguntó con cierto temor. —La muerte de mi padre cambió por completo mi vida, Eileen. Muchas cosas perdieron importancia para mí, más que vengar su muerte. Y cuando finalmente lo logré, me di cuenta de que estaba sumergido en un mundo atroz, áspero, desmesurado, lacerante, al cual le encontré satisfacción. Y lo que veía en casa me dolía porque era lo que en mi interior soñaba con vivir, pero el shock de perder a mi padre me hizo perder el control de muchas cosas. Y comencé a vivir indiferente, había cambiado mucho sin darme cuenta — me abrí con ella. Rápidamente, Eileen se movió a mi lado y me abrazó. Recostó su cabeza en mi hombro y me acarició levemente. —Puedes recuperar poco a poco la vida que un día deseaste antes de la tragedia — me consoló. —No, ya no puedo. De este mundo solo se puede salir si te mueres — le respondí con honestidad. —Entonces te haré morir de amor, para que huyas de él. ¿O acaso tampoco se puede huir?— me preguntó. Sin embargo, cuando iba a responder, me calló. —Shshsh, no digas nada, no quiero. Gracias por contarme un poco sobre ti — acarició mi brazo. Me incliné y besé su frente. Eileen era un alivio para mi dolor, era dulce para mi amargura, luz para mi oscuridad, frescura para mi calor y puro amor para mi vacío. —Yo estoy ansioso por conocer más de ti. Me basta con mirarte tan lúcida conmigo, pero no es suficiente. Quiero saber a qué le temes, por qué estás lejos de tu familia. Quiero apreciar cada pequeña cosa tuya — le dije, acariciando su rostro y apartando su cabello. No me cansaba de recorrer con la mirada cada una de sus facciones. Me parecía hermosa. —Te darás cuenta, sabes leerme. Y... estoy lejos de mi familia no por nada malo, es solo que el trabajo me llevó en otras direcciones. Los visito siempre y hablo con ellos casi a diario. Sé que deben estar muy preocupados por mí — la vi bajar la mirada. —Sí, hablando de eso, recuérdame darte tu celular, lo tengo guardado. Mañana te compraré un ordenador para que te reportes — le dije. —¿Estás diciendo que debo reportarme sin aparecer en la ciudad?— me preguntó. —Te dije que debes actuar como mi mujer. La mujer de un capo, de un narco, de un mafioso, como quieras llamarlo. Eso implica saber cómo jugar, saber arreglártelas. Así que sorpréndeme. Pero de eso te encargarás mañana cuando yo no esté. Por ahora, disfrutemos de nuestro domingo y salgamos — le dije, mirándola pensativa. —¿Mañana me quedaré sola aquí?— —A partir de mañana, organiza esta casa a tu antojo, sí — respondí. —¿Sabes que no estaré aquí siempre, verdad?— me gustaba que ella me desafiara y me pusiera las cosas claras. No era sumisa en absoluto. —Eso lo entiendo, tampoco pretendo que lo estés. Pero mientras las cosas se calman, no debes ir a la ciudad sin mí o sin mis hombres — —No quiero a tus hombres cerca de mí. No quiero a nadie de los tuyos cerca de mí — me sentenció. —Entonces contrataré nuevo personal solo para ti — fácil. —Puedo cuidarme sola — cruzó los brazos. —No me basta. Ya está decidido — zanjé el tema. Ella salió de mis brazos, o al menos lo intentó. Reí ante su rostro de molestia. —Anda, cariño, no te enojes conmigo. Si quieres enojarte, hazlo mañana, pero no ahora — la retuve y le dejé besitos en el cuello. —No sé cómo vas a manejar tus diferentes personalidades conmigo, pero a mí no me des órdenes, Marcello — intentó resistirse a mis besos. —Mira que diferente somos, a mi si dame ordenes. Ordéname que te bese, que te quite la ropa, que te haga el amor, que te de lo que te gusta, pídeme con cojones, exígeme, que me tienes en tus manos y a tus pies mujer. ¿A donde quieres ir hoy? — la miré a esos ojos tan hermosos. Me encantaba mi rubia. —Un paseo en coche, eso es lo que quiero. Que me llenes de mimos, que me tomes de la mano, que me abraces con fuerza. Que tomemos vino, que almorcemos de manera romántica y en la noche, cuando lleguemos a casa, quiero que me hagas tuya. Necesito que me des la dosis suficiente de este encantador Marcello, porque no sé si tenga que lidiar con el Marcello mafioso durante la semana —
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