Cuando salí el señor Hendriks ya se había ido, creí que me iba a obligar a ir con él pero dejó a su chofer para que me llevará, también me dio mi bolso aunque no sé dónde lo encontró. En fin al llegar al orfanato me fui directo a mi lugar a comenzar a organizar los archivos que tenía pendientes, hice una mueca ya que necesitaba la firma del jefe para poder enviarlos “Que no me diga nada por favor” me repetí una y otra vez mentalmente al acercarme a tocar la puerta, estuve esperando unos minutos pero no respondió. -¡Asterine! ¡Te extrañe mucho! –me sobresalte al escuchar los gritos de Zamara. – ¿Cómo te sientes? –me gire frunciendo mi ceño y me acerque a ella abrazándola fuerte. –el jefazo está en el patio con los niños, en cuanto llegó nos ordenó arreglarlos porque llegaron algunos “soli

