Unas horas antes… Las cartas de Ale El sonido de la brisa filtrándose por la ventana fue lo primero que Bea sintió al despertar. Ese susurro suave, el vaivén de las cortinas blancas danzando con el viento, el aroma tenue a lavanda que impregnaba la habitación. Estaba en casa. Abrió los ojos lentamente, dejándose envolver por la calidez de las sábanas que tanto había extrañado. El colchón tenía su forma, su aroma, su historia. Cuántas noches había dormido en esa cama junto a Ale, cuántas veces se había dado la vuelta en medio de la noche para encontrar su cuerpo cálido, su respiración pausada junto a la suya. Pero esta vez, estaba sola. Giró sobre su costado y miró la mesita de noche. Todo estaba limpio y ordenado, como si alguien hubiera querido asegurarse de que su regreso fuera perf

