El regreso de Bea El sol dorado de España acariciaba su piel mientras caminaba por las calles de Alicante con Dai y Emi. Bea había pasado días inolvidables junto a su prima y su amiga, un respiro que necesitaba más de lo que se había permitido admitir. Este viaje no solo le había dado distancia, sino también claridad. Volver a conectar con Dai, esa hermana del alma con la que había compartido tanto en la infancia, le trajo una sensación de paz que hacía mucho tiempo no sentía. Se reencontraron como si nunca hubieran estado separadas, como si el tiempo y la distancia nunca hubieran sido un obstáculo real entre ellas. Rieron como niñas. Revivieron memorias de su adolescencia, de aquellas tardes en las que el mundo parecía más sencillo y los problemas eran apenas un eco lejano en sus mente

