23; LA NOCHE EN QUE SE ROMPIO LA PARED

1442 Palabras

Viviana La rutina se volvió un teatro extraño. Juan seguía llevando a Elías a la casa como si fuera su hermano de sangre y resultó siendo su hermano de funda. Entre risas y botellas, llenaban el rancho de energía que ocultaba la tristeza de las paredes. —¡Salud, compadre! —gritaba Juan, levantando el vaso. —Salud, hermano —respondía Elías, bebiendo con calma, mientras lanzaba miradas furtivas a Viviana. Entre Viviana y Elías se encargaban de darle la mayor cantidad de bebida a Juan para que el alcohol lo noquiara y ellos quedaran libres para besarse furtivamente. Primero buscando escondites, tomando precauciones, y a medida que el tiempo los curtía, se volvieron más descarados, al punto de acariciarse al frente de Juan mientras roncaba. Los excitaba cuando de repente se sacudía o ronca

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