Narra Micaela Maynor no se presentó a desayunar y comencé a preocuparme de que hubiera escuchado algo anoche. Yo no había estado callada. No pensé que podría estar callada, no con Reinaldo dentro de mí, era enorme. Cada vez que pensaba en él, en sus manos, labios y pene entre mis piernas, mis mejillas se sonrojaban. Seguía preguntándome si él sabía lo que estaba pasando por mi mente, y debe haberlo hecho, o al menos eso supuso, ese bastardo arrogante. Pasamos la tarde en la piscina. Reinaldo me habló sobre los primeros días de su negocio, sobre su relación con Desmond, cómo habían sido amigos al principio. —Era bueno hasta que dejó de serlo— dijo—.El dinero lo complica todo, y pronto comenzó la lucha— habló sobre la pelea y cuánto le había dolido, y cómo después de eso, había apartad

