ANA Un par de brazos me envuelven la cintura desde atrás mientras contemplo el caos que he generado. Killian, cubierto con mi vómito, me mira con una furia que parece mortal. A mi lado está Kabil, quien, evidentemente, no ha comprendido nada de lo que le he dicho, y me aprieta contra su cuerpo sin explicación. El miedo me paraliza al recordar la dura mirada de Alastair Cross, su sutil amenaza y lo que debo hacer para evitar que mi padre termine en la cárcel, enseguida, los ojos de Killian recorren mi figura con una intensidad inquietante. —¿Qué haces aquí? —es Kabil quien rompe el silencio. —Ana —Killian lo ignora y se enfoca en mí. —No es lo que parece —susurro, tratando de liberarme de la prisión en la que se han convertido los brazos de Kabil. Killian nos observa, y aunque esper

