ANA —No puedo creer que por fin seas mía —murmura entre besos, Killian. Sus labios buscan los míos con una desesperación llena de hambre, no sé cuánto tiempo pasa, antes de que tenga que empujarlo suavemente, por la falta de aire. —Lo siento —se agita—. Creo que me emocioné. —No te preocupes —niego con la cabeza. Él se queda callado un par de segundos. —¿Puedo saber por qué? Tenso el cuerpo. —¿De qué hablas? —Hablo de ¿por qué decidiste darme una oportunidad? En el campo de fútbol te fuiste con Watson, los vi, lo tomaste de la mano después de defenderlo delante de todos, del decano —el brillo que destellaba de sus ojos se apaga, dándole paso a la duda y a la incertidumbre—. Lo preferiste a él. Quiero decirle que estoy cabreada con él, por haber lastimado a Kabil, quiero

