ANA El aire en mi pesadilla es espeso, como humo que me rodea y me asfixia. Camino entre paredes de cristal empañado, todas deforman mi reflejo hasta hacerlo grotesco: mi rostro multiplicado, mis ojos vacíos, mis labios tensos en una mueca que no reconozco. Estoy en la casa de los espejos, sola, atrapada en un laberinto sin salida. Cada paso que doy retumba con un eco metálico, el suelo parece hueco, como si caminara sobre el vacío mismo. Y entonces la siento una presencia que está fuera de lugar, igual a una sombra. No la veo claramente, pero su presencia se cuela detrás de mí, rozándome la espalda con un frío que me eriza la piel. Giro sobre mis talones, buscando, y me encuentro únicamente con mis propios reflejos que me observan con burla, con crueldad. —¿Quién está ahí? —mi voz tiem

