Dicen que cada uno cosecha lo que siembra, en este momento Adriana se preguntaba por qué Marcos, que la amaba profundamente, ahora le hacía algo tan ruin como engañarla en sus propias narices. Lo de la oficina ya era malo, pero esto era la superación de la maldad. _ ¡Marcos! ¿Qué haces? _ rugió indignada, con su cara roja por la furia, y quitando de un tirón a la enfermera de los brazos de su marido. _ Adriana ¿Qué son esos modales? _ Marcos, con calma y parsimonia, se acomodó la ropa mientras la miraba fijamente. Su rostro, siempre calmo y cariñoso, ahora tenía un rastro de afilado desprecio. _ Preciosa…vuelve en diez minutos y te llevo a cenar y luego seguimos con nuestra charla _ dijo ahora dirigiéndose a la enfermera, y besando, con dulzura sus labios. Tras decir esto se volteó a m

