En el hospital, Luna podía ver a través de la ventana el sol que ya calentaba con sus rayos la superficie de la tierra. Ese debía ser el día más feliz, estando ya de luna de miel, pero en cambio estaba allí, luchando por mantener a su bebé con vida. Reprimió el deseo de llorar, eso no le haría nada bueno a su hijo. Debía reponerse, debía ser fuerte y asumir todo lo que estaba ocurriendo con entereza. _ Al fin despiertas _ la dulce voz de Laura la sacó de su ensimismamiento. Tal parecía que la joven estaba en el baño, porque al abrir los ojos no la había notado. _ ¿Cómo está mi hijo? _ fueron las primeras palabras que pudo pronunciar. _ Bien, estable…será un niño fuerte, un luchador o luchadora _ comenzó a decir la otra con su impecable animosidad de siempre _ solo debes cuidarte mucho

