Yo no podía dejar de temblar. El niño estaba dormido en el asiento trasero cuando me encontré con Gil y Staton en un aparcadero. El papá de mi hijo me dio un abrazo fuerte y me aseguró que Grillo estaría bien. Les expliqué, entre gritos, que había un hombre armado y peligroso en la habitación de mi hijo, con un arma apuntándole y otros hombres vigilando desde la distancia. —Mi amor, necesitas tranquilizarte. —Por el bien de Grillo necesitas ceder la custodia. Vamos a ir a un orfanato y dejaremos al niño. Tu papá lo recogerá en la mañana, cuando sea seguro. —Yo dejaré a unos hombres en el edificio, vigilando. Estarán pendientes de él las veinticuatro horas. —No voy a dejar a mi hijo —les grito, y los dos niegan con la cabeza. —En este momento un ejército está entrando por aire y por a

